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¿Carlismo en el Parlamentín?

octubre 15, 2013
«Mentiremos todos juntos / todos juntos en unión / defendiendo las prebendas / de la Santa Transición»

«Mentiremos todos juntos / todos juntos en unión / defendiendo las prebendas / de la Santa Transición»

Nos referimos a ese inútil parlamento autonómico que se reúne en Oviedo en el solar del desamortizado Convento de San Francisco. El no menos inútil Estatuto de Autonomía exhibe la desvergüenza de llamarlo Junta General del Principado de Asturias, con la cual tiene tanto en común como tiene Javier Fernández Fernández con Don Pelayo.

La desvergüenza es tónica general del paraíso de saqueadores que llaman régimen democrático. El juancarlismo y la Constitución de 1978 la casaron con la ignorancia y las elevaron a religión y regla máximas. Así, el Parlamento de Madrid (que se hace llamar Cortes Generales) celebra anualmente un «debate sobre el estado de la nación» que es un calco del «debate sobre el estado de la Unión» de Washington D.C. Puede tener sentido en los Estados Unidos de Norteamérica, donde el Congreso, la Cámara de Representantes y el Gobierno federal, absolutamente separados, tienen prerrogativas distintas y hasta ciclos electorales diferentes; una vez al año se reúnen para un debate conjunto.

En Madrid, en cambio, el «debate sobre el estado de la nación» lo hace el mismo Congreso de los Diputados que elige al Gobierno y que está reunido todo el año (menos sus amplísimos períodos de vacaciones), reconociendo así que durante el año no hacen absolutamente nada que no sea saquear, fastidiar y vender a los españoles. Y en Oviedo hacen, a imitación de la imitación, un «debate sobre el estado de la región» que todavía exhibe más ese carácter de parásitos, vagos y saqueadores que comparten, sin excepción, todos los integrantes del Parlamentín, que también designa al Gobiernín.

El jueves pasado, escenificando disenso en el transcurso de ese «debate» para entretenerse y entretenernos, el presidente del Gobiernín, Javier Fernández Fernández (PSOE), le atribuyó al mandamás del PP-bis (FAC) en Asturias, Francisco Álvarez-Cascos Fernández, «resabios de carlismo rural».

Un regalo para Álvarez-Cascos, aunque sea disfrazado de reproche, como sólo puede brindarle un amigo, aliado y colega del SOMA-UGT/PSOE. De la cuadra de José Ángel Fernández Villa (antiguo nacionalsindicalista de Solís y de Girón y confidente del comisario Claudio Ramos) capo máximo del socialismo asturiano durante décadas y auxilio destacado de Álvarez-Cascos en todas sus etapas.

Un regalo porque el propio Francisco Álvarez-Cascos —liberal radical, íntimo amigo de genocidas comunistas y de separatistas vascos, divorcista sobrevenido y multidivorciado y más fuera de la Iglesia que Martín Lutero— ha intentado en más de una ocasión presentarse como sucesor, heredero y reencarnación parcial de Vázquez de Mella y de Jovellanos. Lo hace porque sabe que el tradicionalismo asturiano es el único asturianismo puro y sin tacha. Lo puro y sin tacha le hace mucha falta para compensar un currículum como el suyo.

No se alarmen aún los enemigos de Asturias. En el Parlamentín no hay rastro de carlismo que les haga frente. Al menos hasta que la Comunión Tradicionalista decida presentar candidaturas en las elecciones autonómicas, lo que todavía no ha ocurrido.

 

One comment

  1. […] […]



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