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«Llingua» antiasturiana y «oficialidá» contra Asturias y contra los asturianos

noviembre 2, 2021

1.ª La única lengua existente en Asturias, la usual y habitual, en la que nos comunicamos es la castellana, que cuenta además entre nosotros con una brillante tradición literaria a partir del siglo XVII. El castellano es pues la lengua de Asturias, el único idioma en que podemos entendernos todos los asturianos.

2.ª Prescindiendo de la zona asturiana de habla gallega (entre el Navia y el Eo), los bables asturianos no constituyen una lengua, en el sentido habitual que se da a esta palabra, ni la han constituido nunca. No existe un bable equivalente a lengua de Asturias ni ha existido nunca. Esto es algo perfectamente conocido por los lingüistas desde hace más de un siglo, y toda persona que conozca Asturias puede comprobarlo por sí mismo.

3.ª Si no existe una lengua asturiana, un idioma usual y común para todo el territorio asturiano, no tiene sentido la creación de una Academia de la Lengua. Las funciones de las academias de las lenguas no son crear las lenguas, ni recuperarlas, ni difundirlas. Las lenguas las hacen los hablantes a lo largo de los siglos de modo colectivo y anónimo y por necesidades reales de comunicación. Cuando se crean las academias o se hacen las gramáticas, las lenguas llevan ya muchos siglos funcionando como tales. Representan como la conciencia del hablante medio y tratan de adivinar lo que éstos consideran como lo mejor dicho.

4.ª Lo que pretenden los promotores de la Academia de la Lengua Asturiana está bien expresado teóricamente en los estatutos, y prácticamente en la versión «bable» de los mismos. Intentan nada menos que hacer lo que las gentes de Asturias no han hecho durante siglos: hacer con los bables vivos una Lengua exclusiva de Asturias, pensando ingenuamente que de este modo nuestra región tendría más personalidad en el conjunto de España.

5.ª El carácter artificial de esta «lengua» es una consecuencia lógica del propósito que guía a sus inventores: no se trata, como es lo habitual, de buscar las palabras que los asturianos consideran más claras y expresivas. Su ideal es negativo: no parecerse al castellano, aunque la palabra castellana sea la única que todos entendemos. El texto «bable» de los estatutos es una muestra clara de todo ello. Y una lectura atenta de su articulado resulta ridícula para cualquier persona, y penosa para quien de verdad conozca y ame a los bables asturianos.

Hay que decir rotundamente no. Esto no es la lengua de Asturias ni para quien la ha escrito. Basta cotejar las dos versiones para darse perfecta cuenta de esto. La castellana totalmente correcta en su lenguaje y perfectamente inteligible para todos los asturianos, lo que demuestra un claro dominio del castellano por parte de sus redactores; la «bable», llena de vulgarismos castellanos, de palabras desconocidas para la mayoría de los asturianos, de voces arcaicas o desusadas y otras totalmente incorrectas dentro del sistema lingüístico de los bables. […]

6.ª Lo que se pretende ahora en realidad no es inventar la lengua asturiana, pues parece que ya la tienen inventada, sino crear bajo la protección del Consejo General de Asturias una Academia para que respalde oficialmente el invento, y convertirlo en lengua de Asturias así por decreto a todos los efectos; y esto hay que rechazarlo enérgicamente. […]

Lo que se está mostrando, en este intento de inventar una lengua, es precisamente una falta de personalidad. Se quiere aplicar a Asturias el modelo vasco, catalán o gallego. Asturias tiene su propia historia, y ésta es la que ha condicionado nuestra situación lingüística que combina, como en otros aspectos de nuestra historia, ruralismo con universalidad: tenemos una lengua propia que es además universal, que es la castellana, y tenemos además como complemento enriquecedor los bables, para quien de verdad los habla.

9.ª La invención de una lengua artificial para Asturias y su imposición oficial a los asturianos sería un doble atentado contra la cultura asturiana en dos direcciones:

a) Contra los auténticos bables, que tendrían la competencia de otro extraño y que nadie reconocería como suyo.

b) Contra el castellano, al valorarlo como segunda lengua o ajena, con lo que se fomenta (se está fomentando ya) el desdén por la expresión correcta, hablada o escrita, algo que exige esfuerzo, aunque sea nuestro propio idioma.

Extractado de Jesús Neira, El proyecto de creación de una Academia de la Lengua Asturiana (carta enviada al Consejero de Cultura del Consejo Regional y publicada íntegra o fragmentariamente en la prensa: La Nueva España, de Oviedo (25-9-1979), El Comercio, de Gijón (26-9-1979), Asturias, de Oviedo (26-9-1979), El País, de Madrid (26-9-1979); y recogida en el libro del mismo autor Bables y castellano en Asturias, Silverio Cañada Editor, 1982.

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Jesús Neira Martínez (El Valle, Pola de Lena, 1916 – Oviedo, 2011), filólogo, lingüista y dialectólogo, fue el mayor estudioso de los bables o falas de Asturias. Entre sus discípulos se encontraban los iniciadores de esa farsa que dieron luego en llamar «llingua asturiana» y que ahora amenaza con convertirse en oficial o cooficial en Asturias, nada menos.

Aquellos discípulos pasaron de profesar admiración al maestro a detestarlo y hostigarlo (a las Juventudes Tradicionalistas de aquel entonces les tocó en alguna ocasión impedir que le reventasen las conferencias al Profesor Neira) cuando se opuso firmemente a la sustitución de nuestras falas por el invento de la «Academia de la Llingua Asturiana». Cuarenta y dos años después de escribirse las líneas de arriba, podemos decir que ya no hay ingenuidad alguna en los promotores de la falsa «llingua», sino intereses espurios, parasitismo y afán disolvente.

El Profesor Neira no era carlista. Sí lo fueron gran parte de los principales cultivadores de los bables; sí lo fueron también los creadores del regionalismo político asturiano. Por no querer, los carlistas no quieren ninguna lengua «oficial»: hablamos lo que hablamos. De hecho el castellano o, mejor, el español (no por tratarse de la única lengua española, sino por tratarse de la lengua común de casi todos los españoles y, por supuesto, de todos los asturianos) no fue «lengua oficial» hasta que así quedó inscrita en la Constitución de la nefasta Segunda República…

Las actuales maniobras, dentro de la reforma del Estatuto de Autonomía, para imponernos la oficialidad de una lengua artificial constituyen un grave atentado contra Asturias y un insulto a los asturianos.

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Gijón: festival cutre, cartel blasfemo

octubre 14, 2021

Nota de la Junta Local de Gijón de la Comunión Tradicionalista:

El Ayuntamiento de Gijón, a través de su constelación de chiringuitos «culturales»; y el Gobierno autonómico de Asturias, promotor de todo lo antiasturiano, patrocinan ahora un «nuevo» festival cinematográfico: «Fantastic Gijón. Festival Internacional de Cine Fantástico», que anuncian se celebrará en la Universidad Laboral entre los días 21 y 24 de octubre.

Entrecomillamos «nuevo» porque algo muy parecido, pero con menos pretensiones y presupuesto, ya se hacía en Gijón antes del retorno a los chiringuitos de lo más fino de la subvencionada progresía local: a alguien hay que tener contento, y la alcaldesa intrusa resulta intolerable a casi todos.

A falta de originalidad y de importancia, los organizadores de dicho festival han optado por llamar la atención de una manera muy querida de los progres: con la provocación con un cartel que falta al respeto a la Madre de Dios, María Santísima. Un cartel blasfemo.

Los laicistas y, en general, los raros e inadaptados que nos desgobiernan se han acostumbrado a la falta de reacción ante sus atropellos. El clero, indigno, calla; la derecha, por su parte, tiene sus montajes y sus plataformas para distraer a quienes reaccionarían y hacer estéril su indignación. Pero que no se acostumbren. La verdadera reacción llegará, y les va a pillar desprevenidos.

Gijón, 14 de octubre de 2021.

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Mensaje de Don Sixto Enrique de Borbón a los carlistas

octubre 6, 2021

Mis queridos carlistas:

He aceptado la renuncia del Profesor José Miguel Gambra como jefe de mi Secretaría Política y, por consiguiente, como Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista. Quiero expresar mi profundo agradecimiento por sus años de servicio y dedicación.

Por el momento no voy a nombrar un nuevo Jefe. La Secretaría Política, bajo mi directa supervisión, continuará dirigiendo la Comunión Tradicionalista.

Me propongo próximamente renovar o confirmar las jefaturas regionales carlistas en España, para facilitar que nuestra Comunión recupere su estructura de siempre. Seguirán, por supuesto, los círculos y demás asociaciones, tanto en la vieja España como en el Ultramar, que tanto están floreciendo durante estos últimos años.

No hay carlismo sin disciplina dinástica. La Divina Providencia quiso que yo encabezara la Dinastía legítima; yo a mi vez dirijo a la Comunión legitimista mediante mi Secretaría Política, a la que ninguno puede negar reconocimiento sin negármelo a mí.

Sixto Enrique de Borbón

Lignières, 27 de septiembre de 2021.

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La Cruz y San Mateo. (Cualquier tiempo pasado fue verdaderamente mejor)

septiembre 17, 2021

Los que, propios o extraños, veis con especial agrado el aspecto de capital animada y culta que tiene Oviedo, ¿no percibís a través de sus lindos hoteles, sus magníficas modernas viviendas, sus jardines, sus paseos, sus comercios y alumbrados, su lujo, su vida y actividad, algo, que revela a la ciudad antigua con sus calles tortuosas, su caserío desigual, sus volados sobre las aceras y sus edificios públicos e iglesias, que ostentan el sello de pasados siglos? ¿No observáis también como centinela avisado, que vigila sobre la ciudad, o mejor dicho, como cariñosa madre, que vela junto a sus hijos, la esbelta torre de la Iglesia de San Salvador, cuya cruz en lo más alto de la gallarda ojival aguja se percibe desde los extremos todos de la población, desde San Francisco y desde el Rosal, desde la Puerta-nueva y calle de la Vega, lo mismo que desde Cimadevilla, los Estancos y avenidas del Bombé y del Hospicio?

Esa torre y esa Cruz van unidas tan indisolublemente a nuestra historia, vida y tradiciones, que si el Oviedo actual renegase de la Cruz, que se alza sobre su primer templo, incurriría en la más torpe ingratitud, quedando por ello reducida nuestra capital a un cuerpo sin alma y a un organismo fastuoso de apariencia deslumbradora, pero falto del aliento vivificante, que a los pueblos todos presta la idea religiosa y el culto de lo sobrenatural.

Al calor de esta idea nació Oviedo, cuyos fundadores aquí vinieron por impulso religioso a enseñar a los naturales a alabar a Dios en el culto de sus Santos, y eran monjes, que roturaron no lejos de Foncalada los terrenos donde había de asentarse la primitiva población. Los primeros sucesores de Fruela edificaron templos al Dios vivo; y de Alfonso el Casto y de Ramiro y de otros monarcas asturianos cuentan las crónicas rasgos de piedad cristiana, que atestiguan todavía con elocuencia muda restos arqueológicos de subido valor.

Alfonso el Casto recogió de Monsacro el arca preciosa, que contenía las reliquias venerandas, que la piedad de los Obispos pudo sustraer al pillaje de los hijos de Mahoma, vencedores junto al Guadalete; y depositado tan rico tesoro en la Iglesia Catedral, se buscó en la Cámara Santa un recinto a propósito para contener aquellos santos despojos y religiosos trofeos, a fin de que ante ellos pudieran postrarse con respetuosa y viva fe los naturales de Asturias y los católicos de las más apartadas regiones. Prelados y Reyes, pueblo y magnates, españoles y extranjeros se esmeraron a porfía, durante los siglos medios y en tiempos posteriores, en dar a las Santas Reliquias de la Iglesia ovetense toda la importancia que merecían en la esfera de la piedad y de la Religión. La Santa Sede, por su parte, se mostró liberal en la concesión de gracias espirituales a nuestra insigne Catedral; y entre otros muchos privilegios le fue otorgado el del Jubileo de la Santa Cruz.

Como en las Santas Reliquias figuran en primer término las dos célebres Cruces, la Cruz de la Victoria, que el egregio Don Pelayo llevaba en sus manos al debelar contra la morisma en las fragosidades de Covadonga, y la Cruz de los Ángeles, presente, de origen sobrehumano, que otorgó la divina Misericordia a uno de los más insignes Reyes de Asturias; como hay también en la Cámara Santa un pequeño Lignum Crucis, custodiándose igualmente allí un Crucifijo de toscos perfiles cuanto remota y venerable antigüedad, habiendo asimismo algunas espinas de la Corona del Salvador, con más de un trozo de la Sábana Santa, y sobre todo la riquísima e inapreciable reliquia del Santo Sudario, todos estos recuerdos, documentos y testigos de la Pasión adorable del Hijo de Dios, explican perfectamente el acierto con que los promovedores del Jubileo y el Jefe augusto de la Iglesia, al concederlo, eligieron la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz como tiempo el más propicio para derramar abundantemente sobre los fieles el raudal de gracias espirituales, de que la Iglesia Católica es depositaria y dispensadora.

El Papa Eugenio IV fue el primero que otorgó a la Iglesia ovetense este Jubileo: Pío IV lo amplió de una manera notable en cuanto a la duración, determinando que el año en que la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz cayese en viernes, dure aquél dos meses, uno anterior y otro posterior a la mencionada fiesta, o sea desde el catorce de agosto al catorce de octubre. Por último, Pío II había relevado al Jubileo de toda suspensión, de modo que no fuesen interrumpidas las gracias que por el mismo concede la Santa Sede, entre las cuales se cuenta la singularísima de poder los penitentes ser absueltos de todos los pecados reservados a Roma, excepto los de la Bula de la Cena.

Dura el Jubileo ordinario de la Santa Cruz dos octavas, una anterior y otra posterior a la fiesta de la Exaltación, o sea desde el seis de septiembre a primeras vísperas, hasta el veintidós a la puesta del sol. En ese período los fieles que convenientemente preparados con la Confesión y Comunión visitaren nuestro templo Catedral, rogando a Dios por la extirpación de las herejías, aumento de la fe católica y demás piadosos fines de la Iglesia, pueden lucrar indulgencia plenaria; y esto cuantas veces practicaren las obras prescriptas, pues el Jubileo es de los llamados toties quoties.

Y como la octava de la Santa Cruz coincide con la fiesta de San Mateo, ya de muy antiguo la mayoría de fieles, sobre todo de puntos lejanos, aprovechaba la víspera y día del Santo Apóstol para venir a la ciudad, purificar su conciencia, visitar la Iglesia Catedral; y la gente de aldea procurar de paso adquirir en Oviedo algunos útiles de labranza y enseres de recolección de frutos, que en ese tiempo tienen su especial mercado.

Así se explica bien que la Cruz y San Mateo vengan unidos de muy antiguo en la vida religiosa de la ciudad de Oviedo. Y como Zaragoza tiene su Virgen del Pilar y Madrid su San Isidro y Valencia su San Vicente y Compostela su Santiago, así Oviedo tenía y tiene el Jubileo de la Santa Cruz como centro de atracción de voluntades para los verdaderos creyentes; y cualesquiera sean las vicisitudes de los tiempos, lo permanente, lo invariable será entre nosotros, en tan clásicos días, la solemnidad religiosa de la Catedral Basílica y la explosión de cristianos afectos que a la devoción inspira siempre el misterio adorable de la Cruz.

No eran necesarios festejos ni luminarias, ni músicas, ni bullicio en aquellos tiempos, bien cercanos todavía a las nuestros, en que las gentes dormían sobre el duro suelo, bajo los soportales que hay frente a la Catedral, esperando vez a las puertas del Santo Templo en la madrugada del veintiuno; no eran precisos, repetimos, aquellos alicientes para que el Jubileo revistiese un carácter eminentemente popular.

Hoy, aunque para la gente superficial los toros y las cintas y el teatro lo sean todo, hay todavía, a Dios gracias, gentes de todo sexo, edad y condición, que saben que no sólo de pan vive el hombre, y que buscan en las gracias espirituales del Jubileo algo que conforte al espíritu en las luchas y vaivenes de la vida. Lo moderno ni debe ser, ni es en muchas ocasiones adversario de lo tradicional y antiguo. Muchos de los dueños o inquilinos de las suntuosas viviendas, que hacen del Oviedo actual una población distinguida y culta, van al templo en estos días a postrarse ante el ministro del Señor: y esa locomotora, cuyo silbido parece querer ahogar a veces el dulce son de las campanas, conduce en los coches que arrastra devotos peregrinos que con fe y piedad sinceras, al llegar a la ciudad, reservan su primera mirada para la Cruz Santa que corona la alta torre, y se postran después reverentes ante el Santo Sudario, murmurando fervorosa plegaria en presencia de la inestimable reliquia, que precisamente por el mucho concurso de gentes, se enseña mañana y tarde el día de San Mateo.

Este artículo se publicó originalmente en el número 38 de LAS LIBERTADES, de fecha 17 de septiembre de 1893. Explica muy bien cómo vino a celebrarse San Mateo, que no es el santo patrono de Oviedo, aunque pudiera parecerlo. Hoy, cuando se han olvidado las octavas (salvo entre los católicos estrictísimamente fieles a la tradición), poco se entenderá esa relación entre la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, 14 de septiembre, y la de San Mateo, apóstol y evangelista, 21 de septiembre. Menos aún se reconocerá aquel Oviedo, ni en su urbanismo ni en sus piadosas costumbres. Y es que tantos años de liberalismo, político, económico y religioso, han pasado factura.

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8 de septiembre, fiesta de la Virgen de Covadonga, no «Día de Asturias»

septiembre 7, 2021

Nota de la Diputación Permanente de la Junta Carlista del Principado de Asturias:

En esta víspera de la Natividad de Nuestra Señora, fiesta de la Santísima Virgen de Covadonga, los carlistas asturianos recordamos un año más lo obvio: que el ocho de septiembre es la fiesta de la Santísima Virgen de Covadonga, la Santina, Patrona de Asturias. En cambio no es ni puede ser —por más que se empeñen los políticos parásitos— un «Día de Asturias» secularizado, laico y absurdo, mediante el cual esos políticos parásitos y sus cómplices intentan hacer olvidar el sentido verdadero de esta fiesta.

Asturias es católica y mariana, le pese a quien le pese. La Natividad de Nuestra Señora es una de las fiestas más antiguas de entre las dedicadas a la Madre de Dios. El catolicismo asturiano, gracias a la Reconquista, es el más antiguo de España; la festividad del ocho de septiembre es la de la patrona de los más antiguos santuarios marianos de la región, no sólo de Covadonga.

La «comunidad autónoma» y la casta de los políticos que la desgobiernan; que saquean y empobrecen a Asturias y a los asturianos; que con el pretexto del coronavirus implantan una Umma a manera de dictadura sanitaria, no tiene nada que celebrar el ocho de septiembre. Que no oscurezcan la fiesta de Covadonga con sus afrancesadas celebraciones laicas, ni con sus ridículas «Medallas de Asturias» otorgadas a los suyos.

Santina de Covadonga, ruega por nosotros.

Oviedo, 7 de septiembre de 2021.

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