Posts Tagged ‘Carlos VII’

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Crónica de los Mártires de la Tradición en el Principado de Asturias

marzo 15, 2022

Nuestro colega madrileño La Esperanza, periódico de la Comunión Tradicionalista, está publicando crónicas y reportajes de los distintos actos por los Mártires de la Tradición 2022 que van sucediéndose a lo largo y ancho de las Españas. De los celebrados en Asturias publican hoy una crónica remitida por el Círculo Cultural Juan Vázquez de Mella, que a continuación reproducimos.

El jueves 10 de marzo, fecha en que los carlistas celebramos la fiesta de los Mártires de la Tradición, instituida por Don Carlos VII para sufragio de «las almas de los que nos han precedido en esta lucha secular», un grupo de correligionarios del Principado de Asturias hicimos lo propio en el concejo de Gijón.

A la una de la tarde se ofició la Santa Misa en una capilla particular en Cabueñes, haciendo realidad un año más aquellas palabras de Eneas: «y cual si la familia carlista no terminase en el sepulcro, sino que se prolongase en la eternidad, hay entre nosotros comunidad de oraciones y sufragios […] Ninguno pasa las fronteras del tiempo sin que le acompañen como escolta de honor las plegarias de sus hermanos».

A la Santa Misa siguió una distendida comida de hermandad. Durante la jornada, los presentes pudimos poner en común nuestras impresiones sobre la actualidad, rememorando al mismo tiempo la ejecutoria de quienes nos precedieron, con particular recuerdo a los leales de esta tierra: los Menéndez de Luarca, Díaz Caneja, Estrada, Arias de Velasco, Laviada y tantas otras familias distinguidas de la Causa. Juan María Acebal, príncipe de los poetas asturianos (cuyo aniversario de nacimiento celebramos dos días antes, el 8 de marzo), Emilio Valenciano (mártir de sangre), el sacerdote y también poeta García-Rendueles o el gran Jesús Evaristo Casariego, sin olvidar al Verbo de la Tradición, Juan Vázquez de Mella, fueron otros nombres que estuvieron igualmente presentes en nuestra memoria.

En Oviedo se celebró la Santa Misa por los Mártires de la Tradición el domingo 13 de marzo, en la ermita de Santo Medero. A la salida se repartió el Mensaje de Don Sixto Enrique de Borbón con motivo de esta fiesta.

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Mártires de la Tradición, 10 de marzo

marzo 10, 2022

Nos preguntan por una conferencia que, al parecer, estaba anunciada para ayer miércoles en el Hotel España de Oviedo, organizada por «la Comunión Tradicionalista Carlista».

No. La Comunión Tradicionalista Carlista de Asturias o, lo que es lo mismo, la Comunión Tradicionalista del Principado de Asturias no tenía nada que ver. Una o dos veces al año cierta señora ovetense, tan bienintencionada como desnortada, proporciona los medios para la venida de alguien de fuera de Asturias, más o menos relacionado con un grupito demócratacristiano que usurpa las siglas C.T.C. (Comunión Tradicionalista Carlista) —grupo al que en adelante nos referiremos como F.C.T.C. (falsa comunión tradicionalista carlista)— que nunca ha tenido presencia en nuestra región y que actualmente está reducido a un apéndice vergonzante (o no tanto) del partido liberal Vox.

En realidad casi deberíamos agradecer esa insistencia en fingir que existen en Asturias. Hay jóvenes hoy en el Carlismo que en su día se acercaron con ingenuo interés a una de esas conferencias espurias, y a continuación buscaron y encontraron la verdadera Comunión Tradicionalista tras darse cuenta de que ésos que usaban las siglas C.T.C. no podían ser carlistas. El grupito democratacristiano en cuestión carece de personas políticamente bien formadas o simplemente de cierta solidez intelectual.

Quizá a alguno le extrañe la frase anterior, sabiendo que el conferenciante anunciado para ayer por la F.C.T.C. era Javier Barraycoa. Baste para disipar la extrañeza la siguiente cita del último número de la revista madrileña Verbo (601-602, enero-febrero de 2022, página 23). Haciendo historia y refiriéndose a sus colaboradores pasados procedentes de la barcelonesa Schola Cordis Iesu, la revista le dedica esta brevísima mención: «Javier Barraycoa, que no responde totalmente al patrón general que los distingue y que, en todo caso, ha sufrido últimamente una no pequeña evolución». Explicitando: alguien que prometía, pero que desde hace unos años se ha ido alejando del tradicionalismo.

Pero volvamos a la festividad de los Mártires de la Tradición.

Como estaba ya anunciado, se celebrará hoy jueves 10 de marzo en Gijón. A las 13:00 (una de la tarde, D.m.) se oficiará la Santa Misa en una capilla particular de Cabueñes, seguida de una comida de hermandad. Más información en el correo electrónico asturias@carlismo.es.

En Oviedo la Santa Misa por los Mártires de la Tradición tendrá lugar el domingo 13 de marzo, a las 12:00 (doce del mediodía) en la Ermita de Santo Medero (Latores).

Actos en otros lugares: clic en este enlace

Por iniciativa de las Margaritas, hoy jueves 10 de marzo también se rezará en todo el mundo el Santo Rosario por los Mártires de la Tradición, mediante la plataforma Zoom, a las 21:00 (nueve de la noche). Más detalles en este enlace.

La festividad de los Mártires de la Tradición fue instituida en 1895 por Don Carlos VII, Rey legítimo de las Españas, mediante carta desde su exilio en Venecia a su Jefe Delegado, el Marqués de Cerralbo: «una fiesta nacional en honor de los mártires que, desde principio del s. XIX, han perecido a la sombra de la bandera de Dios, Patria y Rey, en los campos de batalla, en el destierro, en los calabozos y en los hospitales; y designo para celebrarla el día 10 de marzo de cada año, día en que se conmemora el aniversario de la muerte de mi abuelo Carlos V». «Debemos procurar sufragios a las almas de los que nos han precedido en esta lucha secular, y honrar su memoria de todas las maneras imaginables, para que sirvan de estímulo y ejemplo de los jóvenes y mantengan vivo en ellos el fuego sagrado del amor a Dios, a la Patria y al Rey».

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Mártires de la Tradición 2022 en Asturias

febrero 28, 2022

Con motivo de la festividad de los Mártires de la Tradición, se celebrarán en Asturias los siguientes actos:

Gijón. Jueves 10 de marzo de 2022
13:00. Santa Misa por los Mártires de la Tradición. Capilla particular. Cabueñes.
14:00. Comida de hermandad.
Información y reservas: asturias@carlismo.es

Oviedo. Domingo 13 de marzo de 2022
12:00. Santa Misa por los Mártires de la Tradición. Ermita de Santo Medero (Latores).

Actos en otros lugares: clic en este enlace.

Festividad instituida en 1895 por el Rey Don Carlos VII, en carta desde su exilio en Venecia a su Jefe Delegado, el Marqués de Cerralbo: «una fiesta nacional en honor de los mártires que, desde principio del s. XIX, han perecido a la sombra de la bandera de Dios, Patria y Rey, en los campos de batalla, en el destierro, en los calabozos y en los hospitales; y designo para celebrarla el día 10 de marzo de cada año, día en que se conmemora el aniversario de la muerte de mi abuelo Carlos V». «Debemos procurar sufragios a las almas de los que nos han precedido en esta lucha secular, y honrar su memoria de todas las maneras imaginables, para que sirvan de estímulo y ejemplo de los jóvenes y mantengan vivo en ellos el fuego sagrado del amor a Dios, a la Patria y al Rey».

Comunión Tradicionalista del Principado de Asturias
Círculo Cultural Juan Vázquez de Mella

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Día de la Dinastía Legítima 2021

noviembre 4, 2021

«En la hora de las responsabilidades, la Dinastía legítima está libre de toda mancha». (Ordenanza del Requeté).

El 4 de noviembre en el calendario romano se celebra la festividad de San Carlos Borromeo, obispo y confesor, patrono de la Dinastía legítima: es decir, de los Reyes legítimos de las Españas de todos los tiempos y en especial de Su Majestad Católica Don Carlos V, primero de los reyes llamados carlistas, y de sus sucesores Don Carlos VI, Don Juan III, Don Carlos VII, Don Jaime I y III, Don Alfonso Carlos, Don Javier I y Don Sixto Enrique de Borbón.

Por ellos se aplicará la Santa Misa que se celebre el domingo 7 de noviembre de 2021, a las 12:00 (doce del mediodía, D.m.) en la Ermita de Santo Medero, Latores (Oviedo).

Comunión Tradicionalista del Principado de Asturias

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La Cruz y San Mateo. (Cualquier tiempo pasado fue verdaderamente mejor)

septiembre 17, 2021

Los que, propios o extraños, veis con especial agrado el aspecto de capital animada y culta que tiene Oviedo, ¿no percibís a través de sus lindos hoteles, sus magníficas modernas viviendas, sus jardines, sus paseos, sus comercios y alumbrados, su lujo, su vida y actividad, algo, que revela a la ciudad antigua con sus calles tortuosas, su caserío desigual, sus volados sobre las aceras y sus edificios públicos e iglesias, que ostentan el sello de pasados siglos? ¿No observáis también como centinela avisado, que vigila sobre la ciudad, o mejor dicho, como cariñosa madre, que vela junto a sus hijos, la esbelta torre de la Iglesia de San Salvador, cuya cruz en lo más alto de la gallarda ojival aguja se percibe desde los extremos todos de la población, desde San Francisco y desde el Rosal, desde la Puerta-nueva y calle de la Vega, lo mismo que desde Cimadevilla, los Estancos y avenidas del Bombé y del Hospicio?

Esa torre y esa Cruz van unidas tan indisolublemente a nuestra historia, vida y tradiciones, que si el Oviedo actual renegase de la Cruz, que se alza sobre su primer templo, incurriría en la más torpe ingratitud, quedando por ello reducida nuestra capital a un cuerpo sin alma y a un organismo fastuoso de apariencia deslumbradora, pero falto del aliento vivificante, que a los pueblos todos presta la idea religiosa y el culto de lo sobrenatural.

Al calor de esta idea nació Oviedo, cuyos fundadores aquí vinieron por impulso religioso a enseñar a los naturales a alabar a Dios en el culto de sus Santos, y eran monjes, que roturaron no lejos de Foncalada los terrenos donde había de asentarse la primitiva población. Los primeros sucesores de Fruela edificaron templos al Dios vivo; y de Alfonso el Casto y de Ramiro y de otros monarcas asturianos cuentan las crónicas rasgos de piedad cristiana, que atestiguan todavía con elocuencia muda restos arqueológicos de subido valor.

Alfonso el Casto recogió de Monsacro el arca preciosa, que contenía las reliquias venerandas, que la piedad de los Obispos pudo sustraer al pillaje de los hijos de Mahoma, vencedores junto al Guadalete; y depositado tan rico tesoro en la Iglesia Catedral, se buscó en la Cámara Santa un recinto a propósito para contener aquellos santos despojos y religiosos trofeos, a fin de que ante ellos pudieran postrarse con respetuosa y viva fe los naturales de Asturias y los católicos de las más apartadas regiones. Prelados y Reyes, pueblo y magnates, españoles y extranjeros se esmeraron a porfía, durante los siglos medios y en tiempos posteriores, en dar a las Santas Reliquias de la Iglesia ovetense toda la importancia que merecían en la esfera de la piedad y de la Religión. La Santa Sede, por su parte, se mostró liberal en la concesión de gracias espirituales a nuestra insigne Catedral; y entre otros muchos privilegios le fue otorgado el del Jubileo de la Santa Cruz.

Como en las Santas Reliquias figuran en primer término las dos célebres Cruces, la Cruz de la Victoria, que el egregio Don Pelayo llevaba en sus manos al debelar contra la morisma en las fragosidades de Covadonga, y la Cruz de los Ángeles, presente, de origen sobrehumano, que otorgó la divina Misericordia a uno de los más insignes Reyes de Asturias; como hay también en la Cámara Santa un pequeño Lignum Crucis, custodiándose igualmente allí un Crucifijo de toscos perfiles cuanto remota y venerable antigüedad, habiendo asimismo algunas espinas de la Corona del Salvador, con más de un trozo de la Sábana Santa, y sobre todo la riquísima e inapreciable reliquia del Santo Sudario, todos estos recuerdos, documentos y testigos de la Pasión adorable del Hijo de Dios, explican perfectamente el acierto con que los promovedores del Jubileo y el Jefe augusto de la Iglesia, al concederlo, eligieron la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz como tiempo el más propicio para derramar abundantemente sobre los fieles el raudal de gracias espirituales, de que la Iglesia Católica es depositaria y dispensadora.

El Papa Eugenio IV fue el primero que otorgó a la Iglesia ovetense este Jubileo: Pío IV lo amplió de una manera notable en cuanto a la duración, determinando que el año en que la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz cayese en viernes, dure aquél dos meses, uno anterior y otro posterior a la mencionada fiesta, o sea desde el catorce de agosto al catorce de octubre. Por último, Pío II había relevado al Jubileo de toda suspensión, de modo que no fuesen interrumpidas las gracias que por el mismo concede la Santa Sede, entre las cuales se cuenta la singularísima de poder los penitentes ser absueltos de todos los pecados reservados a Roma, excepto los de la Bula de la Cena.

Dura el Jubileo ordinario de la Santa Cruz dos octavas, una anterior y otra posterior a la fiesta de la Exaltación, o sea desde el seis de septiembre a primeras vísperas, hasta el veintidós a la puesta del sol. En ese período los fieles que convenientemente preparados con la Confesión y Comunión visitaren nuestro templo Catedral, rogando a Dios por la extirpación de las herejías, aumento de la fe católica y demás piadosos fines de la Iglesia, pueden lucrar indulgencia plenaria; y esto cuantas veces practicaren las obras prescriptas, pues el Jubileo es de los llamados toties quoties.

Y como la octava de la Santa Cruz coincide con la fiesta de San Mateo, ya de muy antiguo la mayoría de fieles, sobre todo de puntos lejanos, aprovechaba la víspera y día del Santo Apóstol para venir a la ciudad, purificar su conciencia, visitar la Iglesia Catedral; y la gente de aldea procurar de paso adquirir en Oviedo algunos útiles de labranza y enseres de recolección de frutos, que en ese tiempo tienen su especial mercado.

Así se explica bien que la Cruz y San Mateo vengan unidos de muy antiguo en la vida religiosa de la ciudad de Oviedo. Y como Zaragoza tiene su Virgen del Pilar y Madrid su San Isidro y Valencia su San Vicente y Compostela su Santiago, así Oviedo tenía y tiene el Jubileo de la Santa Cruz como centro de atracción de voluntades para los verdaderos creyentes; y cualesquiera sean las vicisitudes de los tiempos, lo permanente, lo invariable será entre nosotros, en tan clásicos días, la solemnidad religiosa de la Catedral Basílica y la explosión de cristianos afectos que a la devoción inspira siempre el misterio adorable de la Cruz.

No eran necesarios festejos ni luminarias, ni músicas, ni bullicio en aquellos tiempos, bien cercanos todavía a las nuestros, en que las gentes dormían sobre el duro suelo, bajo los soportales que hay frente a la Catedral, esperando vez a las puertas del Santo Templo en la madrugada del veintiuno; no eran precisos, repetimos, aquellos alicientes para que el Jubileo revistiese un carácter eminentemente popular.

Hoy, aunque para la gente superficial los toros y las cintas y el teatro lo sean todo, hay todavía, a Dios gracias, gentes de todo sexo, edad y condición, que saben que no sólo de pan vive el hombre, y que buscan en las gracias espirituales del Jubileo algo que conforte al espíritu en las luchas y vaivenes de la vida. Lo moderno ni debe ser, ni es en muchas ocasiones adversario de lo tradicional y antiguo. Muchos de los dueños o inquilinos de las suntuosas viviendas, que hacen del Oviedo actual una población distinguida y culta, van al templo en estos días a postrarse ante el ministro del Señor: y esa locomotora, cuyo silbido parece querer ahogar a veces el dulce son de las campanas, conduce en los coches que arrastra devotos peregrinos que con fe y piedad sinceras, al llegar a la ciudad, reservan su primera mirada para la Cruz Santa que corona la alta torre, y se postran después reverentes ante el Santo Sudario, murmurando fervorosa plegaria en presencia de la inestimable reliquia, que precisamente por el mucho concurso de gentes, se enseña mañana y tarde el día de San Mateo.

Este artículo se publicó originalmente en el número 38 de LAS LIBERTADES, de fecha 17 de septiembre de 1893. Explica muy bien cómo vino a celebrarse San Mateo, que no es el santo patrono de Oviedo, aunque pudiera parecerlo. Hoy, cuando se han olvidado las octavas (salvo entre los católicos estrictísimamente fieles a la tradición), poco se entenderá esa relación entre la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, 14 de septiembre, y la de San Mateo, apóstol y evangelista, 21 de septiembre. Menos aún se reconocerá aquel Oviedo, ni en su urbanismo ni en sus piadosas costumbres. Y es que tantos años de liberalismo, político, económico y religioso, han pasado factura.

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