Posts Tagged ‘Historia’

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Recuerdos ovetenses en la fiesta de San Dámaso

diciembre 11, 2021
Capilla del Rey Casto. Catedral de Oviedo

Que no se nos escape este día 11 de diciembre, festividad de San Dámaso I, papa y confesor, sin poner por escrito unos piadosos recuerdos carbayones.

Por tratarse del patrono de los arqueólogos, éste era uno de los dos días al año (el otro era el aniversario de la fundación del Tabularium Artis Asturiensis) en que mientras vivió, o mientras físicamente pudo, el sacerdote don Luis Piñera (+8 de septiembre de 2012) se celebraba «legalmente» la Santa Misa tradicional, la Misa de siempre, en la Capilla del Rey Casto de la Catedral de Oviedo. Las buenas relaciones de Joaquín Manzanares (+18 de junio de 2003), fundador del Tabularium, y el completo desprecio que don Luis Piñera sentía por los ocupantes de la Corrada del Obispo se unían para facilitar a los ovetenses esas raras ocasiones.

D. Luis Piñera Villar, pbro.

No eran las únicas, pero sí las únicas regulares. Como en LAS LIBERTADES hemos apuntado en alguna otra ocasión, a pesar de la persecución contra la Misa de siempre desde la promulgación en 1969 del Novus Ordo, los católicos fieles —sacerdotes y seglares— se las arreglaban mejor antes de que algunos pusieran su confianza en papeles mojados en forma de motu proprio, fuese éste Ecclesia Dei, Summorum Pontificum o Traditionis Custodes. El derecho absoluto que asiste a todo fiel católico de asistir (o celebrar, en el caso de los sacerdotes) al Santo Sacrificio de la Misa y de recibir los sacramentos según el rito romano tradicional no reconoce limitaciones, aunque éstas vengan de la supuesta autoridad.

Mañana es el tercer Domingo de Adviento, el domingo de Gaudete (¡alegráos!). Que pronto tengamos la alegría de la desaparición de la llamada nueva misa, ese Novus Ordo protestantizante de «eucaristías presididas por», que ha apartado de la Fe a la inmensa mayoría de los católicos.

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«Llingua» antiasturiana y «oficialidá» contra Asturias y contra los asturianos

noviembre 2, 2021

1.ª La única lengua existente en Asturias, la usual y habitual, en la que nos comunicamos es la castellana, que cuenta además entre nosotros con una brillante tradición literaria a partir del siglo XVII. El castellano es pues la lengua de Asturias, el único idioma en que podemos entendernos todos los asturianos.

2.ª Prescindiendo de la zona asturiana de habla gallega (entre el Navia y el Eo), los bables asturianos no constituyen una lengua, en el sentido habitual que se da a esta palabra, ni la han constituido nunca. No existe un bable equivalente a lengua de Asturias ni ha existido nunca. Esto es algo perfectamente conocido por los lingüistas desde hace más de un siglo, y toda persona que conozca Asturias puede comprobarlo por sí mismo.

3.ª Si no existe una lengua asturiana, un idioma usual y común para todo el territorio asturiano, no tiene sentido la creación de una Academia de la Lengua. Las funciones de las academias de las lenguas no son crear las lenguas, ni recuperarlas, ni difundirlas. Las lenguas las hacen los hablantes a lo largo de los siglos de modo colectivo y anónimo y por necesidades reales de comunicación. Cuando se crean las academias o se hacen las gramáticas, las lenguas llevan ya muchos siglos funcionando como tales. Representan como la conciencia del hablante medio y tratan de adivinar lo que éstos consideran como lo mejor dicho.

4.ª Lo que pretenden los promotores de la Academia de la Lengua Asturiana está bien expresado teóricamente en los estatutos, y prácticamente en la versión «bable» de los mismos. Intentan nada menos que hacer lo que las gentes de Asturias no han hecho durante siglos: hacer con los bables vivos una Lengua exclusiva de Asturias, pensando ingenuamente que de este modo nuestra región tendría más personalidad en el conjunto de España.

5.ª El carácter artificial de esta «lengua» es una consecuencia lógica del propósito que guía a sus inventores: no se trata, como es lo habitual, de buscar las palabras que los asturianos consideran más claras y expresivas. Su ideal es negativo: no parecerse al castellano, aunque la palabra castellana sea la única que todos entendemos. El texto «bable» de los estatutos es una muestra clara de todo ello. Y una lectura atenta de su articulado resulta ridícula para cualquier persona, y penosa para quien de verdad conozca y ame a los bables asturianos.

Hay que decir rotundamente no. Esto no es la lengua de Asturias ni para quien la ha escrito. Basta cotejar las dos versiones para darse perfecta cuenta de esto. La castellana totalmente correcta en su lenguaje y perfectamente inteligible para todos los asturianos, lo que demuestra un claro dominio del castellano por parte de sus redactores; la «bable», llena de vulgarismos castellanos, de palabras desconocidas para la mayoría de los asturianos, de voces arcaicas o desusadas y otras totalmente incorrectas dentro del sistema lingüístico de los bables. […]

6.ª Lo que se pretende ahora en realidad no es inventar la lengua asturiana, pues parece que ya la tienen inventada, sino crear bajo la protección del Consejo General de Asturias una Academia para que respalde oficialmente el invento, y convertirlo en lengua de Asturias así por decreto a todos los efectos; y esto hay que rechazarlo enérgicamente. […]

Lo que se está mostrando, en este intento de inventar una lengua, es precisamente una falta de personalidad. Se quiere aplicar a Asturias el modelo vasco, catalán o gallego. Asturias tiene su propia historia, y ésta es la que ha condicionado nuestra situación lingüística que combina, como en otros aspectos de nuestra historia, ruralismo con universalidad: tenemos una lengua propia que es además universal, que es la castellana, y tenemos además como complemento enriquecedor los bables, para quien de verdad los habla.

9.ª La invención de una lengua artificial para Asturias y su imposición oficial a los asturianos sería un doble atentado contra la cultura asturiana en dos direcciones:

a) Contra los auténticos bables, que tendrían la competencia de otro extraño y que nadie reconocería como suyo.

b) Contra el castellano, al valorarlo como segunda lengua o ajena, con lo que se fomenta (se está fomentando ya) el desdén por la expresión correcta, hablada o escrita, algo que exige esfuerzo, aunque sea nuestro propio idioma.

Extractado de Jesús Neira, El proyecto de creación de una Academia de la Lengua Asturiana (carta enviada al Consejero de Cultura del Consejo Regional y publicada íntegra o fragmentariamente en la prensa: La Nueva España, de Oviedo (25-9-1979), El Comercio, de Gijón (26-9-1979), Asturias, de Oviedo (26-9-1979), El País, de Madrid (26-9-1979); y recogida en el libro del mismo autor Bables y castellano en Asturias, Silverio Cañada Editor, 1982.

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Jesús Neira Martínez (El Valle, Pola de Lena, 1916 – Oviedo, 2011), filólogo, lingüista y dialectólogo, fue el mayor estudioso de los bables o falas de Asturias. Entre sus discípulos se encontraban los iniciadores de esa farsa que dieron luego en llamar «llingua asturiana» y que ahora amenaza con convertirse en oficial o cooficial en Asturias, nada menos.

Aquellos discípulos pasaron de profesar admiración al maestro a detestarlo y hostigarlo (a las Juventudes Tradicionalistas de aquel entonces les tocó en alguna ocasión impedir que le reventasen las conferencias al Profesor Neira) cuando se opuso firmemente a la sustitución de nuestras falas por el invento de la «Academia de la Llingua Asturiana». Cuarenta y dos años después de escribirse las líneas de arriba, podemos decir que ya no hay ingenuidad alguna en los promotores de la falsa «llingua», sino intereses espurios, parasitismo y afán disolvente.

El Profesor Neira no era carlista. Sí lo fueron gran parte de los principales cultivadores de los bables; sí lo fueron también los creadores del regionalismo político asturiano. Por no querer, los carlistas no quieren ninguna lengua «oficial»: hablamos lo que hablamos. De hecho el castellano o, mejor, el español (no por tratarse de la única lengua española, sino por tratarse de la lengua común de casi todos los españoles y, por supuesto, de todos los asturianos) no fue «lengua oficial» hasta que así quedó inscrita en la Constitución de la nefasta Segunda República…

Las actuales maniobras, dentro de la reforma del Estatuto de Autonomía, para imponernos la oficialidad de una lengua artificial constituyen un grave atentado contra Asturias y un insulto a los asturianos.

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Plagios y fraudes de un «historiador» de andar por casa

julio 2, 2017

En alguna otra ocasión ha debido Las Libertades señalar a cierto joven (ya no tan joven) gijonés de extrema izquierda «asturchale», sin oficio ni beneficio ni titulación académica, por causa de su obsesiva actividad en Internet para divulgar una versión falsificada de la historia del Carlismo.

Más recientemente el autotitulado «historiador» se dedica también a dar conferencias y, sorprendentemente, ha encontrado acogida en el Club Prensa Asturiana de La Nueva España. Las actividades de la sección gijonesa de ese club pasan desapercibidas. No así las de Oviedo. El individuo en cuestión se desenvuelve mal en público y la asistencia a sus charlas es escasa. Pero el periódico le da una cobertura que ciertamente no merece.

Leemos en La Nueva España de 30 de junio que el día anterior Javier Cubero de Vicente osó hablar de Don Javier de Borbón Parma, «pretendiente carlista» (en realidad, Príncipe Regente entre 1936 y 1952, y a partir de este año Rey legítimo de las Españas hasta su muerte en 1977). Según el periódico, Javier Cubero dijo algunas cosas verdaderas (ése es el truco), aun escogiendo deliberadamente mal los términos. Es verdad que Don Javier se opuso al Estado totalitario, a la perpetuación del General Franco en el poder, a la Falange, al nazismo… Pero no lo hizo por «espíritu democrático», sino todo lo contrario. Ni fue «antifascista» ni «partisano» en la Francia ocupada, aunque sí estuvo en la verdadera resistencia (que inicialmente era monárquica y católica: las izquierdas colaboraban con los nazis) contra el invasor alemán.

Treinta años después de aquello, Don Javier se vería nuevamente traicionado y maltratado, esta vez por su hijo Carlos Hugo y los cómplices de éste. No hubo continuidad entre el padre y su primogénito varón. De los hijos habidos de su esposa Doña Magdalena de Borbón Busset, sólo la mayor, Doña Francisca, y el menor, Don Sixto Enrique, permanecieron fieles a la Causa carlista. Esto lo oculta y tergiversa Javier Cubero sistemáticamente.

Como antes se pilla a un mentiroso que a un cojo, vamos a dar una prueba más del proceder fraudulento y mezquino de este «historiador» de andar por casa.

El 6 de diciembre de 2016 publicaba Las Libertades la entrada Aniceto Boves Goñi, valeroso carlista ovetense fallecido en Gran Canaria en 1932.

En su carácter de «historiador» fraudulento, Javier Cubero recurrió al «corta-y-pega». Copió la transcripción que Las Libertades había hecho de El Cruzado Español; copió la reproducción fotográfica del periódico carlista; hasta copió una parte de la introducción de Las Libertades. Lo pegó todo en uno de sus blogs y le puso de fecha el 26 de noviembre. O sea: que lo había publicado él antes que nosotros, oiga. Además de plagiarnos nos convertía en plagiarios.

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Desafortunadamente para el «historiador», existen los motores de búsqueda en Internet y sus rastreadores. Que dejan constancia perpetua de la fecha en que realmente aparecen las publicaciones en la Red. Veamos qué dice Google:

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Efectivamente. La entrada de Las Libertades apareció el día en que está fechada: el 6 de diciembre. El plagio de Javier Cubero en La Carlistada falsa, fechado por él el 26 de noviembre anterior, apareció en realidad el 11 de diciembre.

Ésa es la medida de la confianza que merece cuanto dice y publica.

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Veinticinco de mayo: «Asturias laica» es una contradicción insalvable

mayo 25, 2017

25mayo1808

Hoy hace doscientos nueve años «deliberó la Junta [General del Principado] con asistencia del Real Acuerdo, y por el que se celebró en el día de hoy, llevar á efecto el armamento del Exército Defensivo Asturiano, en obsequio de la Religión, de la Patria, y de la común felicidad».

Por contra, hace unas semanas un extraño grupo denominado «Asturias Laica» al parecer propuso al Ayuntamiento de Oviedo convertir la fecha del 25 de mayo en una especie de de fiesta laica. Se entiende mal que la propuesta se dirija al Ayuntamiento y no al Parlamento autonómico que actualmente usurpa el nombre de la Junta General; a no ser por encontrarse el consistorio ovetense en manos de un tripartito frentepopulista cuyo desprecio por la verdad y por la historia supera incluso al exhibido anteriormente por el Partido Popular.

La extravagante propuesta fue bien acogida, como era de esperar, por el Partido Socialista y por «Podemos» («Somos»). Para comprobar la radical falsedad de su planteamiento vendrá bien comparar la Declaración que la Junta General del Principado de Asturias hizo aquel veinticinco de mayo de 1808 con las afirmaciones en apoyo de la propuesta laicista efectuadas por el Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo, Roberto Sánchez Ramos, de Izquierda Unida.

Dice Sánchez Ramos, según los medios, que en 1808 la Junta General del Principado «se proclamó soberana» y declaró la guerra a la Francia de Napoleón.

Dice la Junta General del Principado en 1808 que declara la guerra a Napoleón «por la disfrazada prisión de nuestro Rey Fernando el VII, y toda la familia de Borbón en el interior de la Francia». Para los asturianos de 1808, no había más soberanía que la del Rey.

Dice Sánchez Ramos que ese día los asturianos se sintieron «pueblo» y fueron «sujeto activo» en lugar de «lacayos del Rey».

Confundir «lacayo», un oficio muy respetable, con «vasallo» es una muestra de incultura llamativa en un concejal «de cultura». El 25 de mayo de 1808, por el contrario, la Junta General del Principado de Asturias vuelve a proclamarse vasalla del Rey Fernando VII, y en su nombre se alza, negándose a «admitir esta dura ley represiva de su libertad … y creyendo ya indicada en ella la esclavitud, a que con ofensa de la Religión, del Rey y de la Patria, le disponía … la abominable y negra perfidia de Napoleón, Emperador de los Franceses».

Dice Sánchez Ramos que el 25 de mayo «representa todos los valores de una sociedad democrática y los elementos contemporáneos que configuraron después una sociedad más cercana a la actual».

Dice mal el concejal de Izquierda Unida, porque en 1808 la Junta General del Principado dice todo lo contrario. Su declaración de entonces representa todos los principios (que no «valores») del Antiguo Régimen, del régimen tradicional, sacral, monárquico, católico y representativo, en contraposición con la disociedad actual, hija de la Revolución francesa que Napoleón representaba.

bandera_de_asturias

La Religión, la única verdadera, se invoca repetidamente en la declaración de 1808, antes que ninguna otra cosa. Asturias, como España entera, nació cristiana, es cristiana esencial y constitutivamente. El emblema de Asturias es la cruz, la Cruz de la Victoria.

Y la Patrona de Asturias es la Santísima Virgen de Covadonga, cuya fiesta se celebra el día 8 de septiembre. Fiesta que el moderno laicismo ha querido convertir en un «Día de Asturias» absurdo y vacío. Antes del disparate autonómico no había más «Día de Asturias» que un festejo veraniego gijonés con carrozas y grupos folklóricos.

Virgen de Covadonga

Celebremos, sí, con orgullo el Veinticinco de Mayo. Una fiesta contrarrevolucionaria y una declaración, la de la Junta General del Principado de Asturias en 1808, que puede resumirse en: Dios, Patria, Fueros y Rey legítimo. El lema del Carlismo, de la Comunión Tradicionalista. La continuidad histórica de aquella Junta General la representa desde 1833 la Junta Carlista del Principado.

Oviedo y Mayo 25 de 2017, fiesta de la Ascensión del Señor.

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Aniceto Boves Goñi, valeroso carlista ovetense fallecido en Gran Canaria en 1932

diciembre 6, 2016

Traemos hoy a LAS LIBERTADES el recuerdo de uno de los tantos carlistas asturianos que murieron trasterrados, en este caso en otra región que se convirtió también en la suya: las Islas Canarias. El fallecimiento debió ocurrir alrededor de estos días, hace ochenta y cuatro años. Reproducimos la biografía que el 16 de diciembre de 1932 publicó, remitida desde Oviedo, el periódico de Madrid El Cruzado Español.

Tras el primer trasterramiento canario, la guerra y el exilio francés que la siguió, don Aniceto Boves debió volver a asentarse en Oviedo algún tiempo. Encontramos algún impreso con fecha de 1897 y el pie de la Imprenta de Aniceto Boves y Goñi. La imprenta fue oficio y negocio emprendido por no pocos carlistas, como entre nosotros el propio Juan María Acebal. Algunos de ese origen llegaron casi a nuestros días, como la Imprenta La Cruz.

El autor de la biografía de Aniceto Boves menciona entre sus compañeros de la Tercera Guerra Carlista al «respetable y honorabilísimo veterano don Emilio Valenciano, cuya vida prolongue Dios muchos años». Sólo dos más los prolongaría: los rojos asesinarían a don Emilio Valenciano Díaz en Olloniego el 10 de octubre de 1934, cuando contaba ochenta y tres años de edad. Durante esa Revolución de 1934 que ahora el Ayuntamiento de Oviedo celebra, festeja y hace objeto de itinerarios turísticos.

elcruzadoespannol16diciembre1932

VIDAS EJEMPLARES

Don Aniceto Boves Goñi

El prestigioso veterano, de cuya muerte, ocurrida en Valsequillo (Canarias), dimos noticia pocos días hace, nació en Oviedo, en la Puerta Nueva Baja, siendo sus padres católicos ejemplares y realistas de los convencidos.

El ambiente de piedad de su hogar y la cristiana educación que recibía de sus progenitores despertaron en el finado la vocación eclesiástica, y en el Seminario ovetense, de donde salieron tantos sacerdotes ilustres, comenzó sus estudios, captándose las simpatías de sus profesores y compañeros por su aplicación y claro talento y no menos por su vivacidad de ingenio y sus felicísimas ocurrencias, que conservó en su larga vida.

Y heredó, también, de sus padres su adhesión a la Legitimidad y la consecuencia de sus Ideales. Así se explica que, apenas se inició el levantamiento de los partidarios de Don Carlos en el Norte y habiendo repercutido ese movimiento en Asturias, fuera de los primeros que. Aquí, con el respetable y honorabilísimo veterano don Emilio Valenciano, cuya vida prolongue Dios muchos años, y los ya fallecidos don Francisco Cayado, Cura de Muñó, don Francisco Viejo, el Cura de Luanco, señor Pola, y otros más que no recuerdo ahora, se agrupase a las órdenes del caballeroso jefe carlista don Ruperto Carlos de Viguri, abandonando las aulas del Seminario y dispuesto a servir a Dios en los campos de batalla, ya que, entonces, como hoy, era perseguida la Iglesia, maltratados sus Ministros, además de ser de nobles y cristianos defender el Derecho, refugiado en el destierro.

Y aquella pequeña partida, acaudillada por Viguri, compuesta de diez o doce animosos jóvenes, entre ellos el finado don Aniceto, se dirigían a los campos del Norte por las montañas de Teverga, que dan acceso a León, cuando fueron hechos prisioneros en Torrebarrio, pueblo de la región leonesa, y conducidos a Oviedo, ingresando primero en la llamada Galera y más tarde en la cárcel-fortaleza, ambos edificios ya derribados.

Previo el juicio de rigor, unos de los detenidos fueron deportados a Canarias, quedando sólo en Oviedo, en concepto de hospitalizados, los señores Boves y Pola, Cura de Luanco.

Fugado del Hospital, valiéndose de una habilidosa estratagema, cómica de veras, que muchas veces oímos narrar al propio protagonista, y que nos confirman algunos veteranos de su tiempo, pudo el prestigioso carlista señor Boves escapar al Norte y allí incorporarse a las fuerzas castellanas.

Tomó parte en varias y muy importantes acciones de guerra y mereció honrosas distinciones —cruces y medallas— que acreditaban su valor y el pago de las heridas recibidas en defensa de la Legitimidad.

Y el antiguo alumno de Teología, que si, como seminarista, fue modelo de jóvenes piadosos, como soldado jamás conoció el peligro ni retrocedió ante la muerte, pasó por Valcarlos, terminada la guerra, al destierro, ostentando el grado de Capitán.

Vivió en Francia varios años, sufriendo las amarguras que son de suponer, pero satisfecho del deber cumplido; y cuando retornó a su Patria, siguió pensando con firmeza religiosa y con lealtad carlista, no claudicando jamás de lo que tenía por su mejor blasón.

Su vida fue ejemplar y su muerte la de un santo, según cartas que recibimos de Canarias. Fue breve su enfermedad y recibió de rodillas la Sagrada Comunión, administrada por Viático. Los carlistas no tiemblan, saben crecerse ante la muerte. ¿Cómo temblar al ofrendar su vida a Dios, quien no tembló al ofrendar su vida al Rey?

Los católicos, y, por añadidura, carlistas, del temple de don Aniceto mueren como él murió, tranquilamente, santamente, invocando a Dios y consolando a los suyos. Bendijo a sus hijos, y un minuto después descansaba en el Señor.

¡Que Él haya premiado largamente las virtudes de su siervo y nosotros imitemos las virtudes y la fidelidad de nuestro amigo y correligionario!

Los que aquí fuimos testigos de su fe acendrada y de su lealtad ferviente, juremos ante su tumba seguir, como él, las rutas gloriosas de los patrióticos deberes.

José María DE LA ESTRELLA

Oviedo 6-XII-932.

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