Archive for the ‘Religión’ Category

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Feliz, tradicional y asturiana Navidad

diciembre 24, 2021

pelayosadoranalninodios

LAS LIBERTADES desea una muy feliz Navidad
a sus lectores y seguidores,
a los carlistas de Asturias
y de todas las Españas.

Que el Niño Dios que nace en Belén
bendiga a la Patria
con el retorno del Rey.

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Recuerdos ovetenses en la fiesta de San Dámaso

diciembre 11, 2021
Capilla del Rey Casto. Catedral de Oviedo

Que no se nos escape este día 11 de diciembre, festividad de San Dámaso I, papa y confesor, sin poner por escrito unos piadosos recuerdos carbayones.

Por tratarse del patrono de los arqueólogos, éste era uno de los dos días al año (el otro era el aniversario de la fundación del Tabularium Artis Asturiensis) en que mientras vivió, o mientras físicamente pudo, el sacerdote don Luis Piñera (+8 de septiembre de 2012) se celebraba «legalmente» la Santa Misa tradicional, la Misa de siempre, en la Capilla del Rey Casto de la Catedral de Oviedo. Las buenas relaciones de Joaquín Manzanares (+18 de junio de 2003), fundador del Tabularium, y el completo desprecio que don Luis Piñera sentía por los ocupantes de la Corrada del Obispo se unían para facilitar a los ovetenses esas raras ocasiones.

D. Luis Piñera Villar, pbro.

No eran las únicas, pero sí las únicas regulares. Como en LAS LIBERTADES hemos apuntado en alguna otra ocasión, a pesar de la persecución contra la Misa de siempre desde la promulgación en 1969 del Novus Ordo, los católicos fieles —sacerdotes y seglares— se las arreglaban mejor antes de que algunos pusieran su confianza en papeles mojados en forma de motu proprio, fuese éste Ecclesia Dei, Summorum Pontificum o Traditionis Custodes. El derecho absoluto que asiste a todo fiel católico de asistir (o celebrar, en el caso de los sacerdotes) al Santo Sacrificio de la Misa y de recibir los sacramentos según el rito romano tradicional no reconoce limitaciones, aunque éstas vengan de la supuesta autoridad.

Mañana es el tercer Domingo de Adviento, el domingo de Gaudete (¡alegráos!). Que pronto tengamos la alegría de la desaparición de la llamada nueva misa, ese Novus Ordo protestantizante de «eucaristías presididas por», que ha apartado de la Fe a la inmensa mayoría de los católicos.

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Retornan a Oviedo las misiones de la Hermandad de San Pío X

noviembre 12, 2021
Evangelio de una Misa celebrada en la desaparecida Capilla Cristo Rey de Oviedo durante la Cuaresma de 2016

Deberíamos quizá haber titulado «retornan a Asturias las misiones de la Hermandad de San Pío X» porque además de la Misa y conferencia en Oviedo este sábado 13 de noviembre, el domingo 14 un sacerdote de dicha Hermandad celebrará la Santa Misa también en Gijón, a las doce del mediodía en una capilla particular de Cabueñes.

En la segunda mitad de la década de 1980 la situación en la diócesis de Oviedo era mala para los católicos fieles a la Misa de siempre y a la doctrina tradicional de la Iglesia. Los sacerdotes que, más o menos, se resistían a los cambios iban muriéndose. Más allá de aquéllos pocos que mezclaban los ritos (tomando carrerilla y recitando de memoria el canon romano en latín) y de algunas visitas ocasionales, sólo quedaban algunas Misas celebradas en secreto, por miedo a las represalias diocesanas, y las dos Misas que anualmente celebraba don Luis Piñera en la Capilla del Rey Casto de la catedral para el Tabularium Artis Asturiensis. Las escapadas a Madrid para oír Misa eran frecuentes.

Aparecieron entonces las misiones de la Hermandad de San Pío X, la sociedad sacerdotal de vida en común sin votos fundada en 1970 por el Arzobispo Marcel Lefebvre (1905-1991). Tras algunas visitas en 1986, se regularizaron a fines de 1987, y no cesaron hasta el tiránico confinamiento decretado por el Gobierno en 2020.

Al principio las Misas y conferencias tenían lugar tanto en domicilios particulares como en el Círculo Carlista de la Calle de San Francisco (el Círculo Cultural «Juan Vázquez de Mella» de Oviedo) y en los locales que la Hermandad de Defensores de Oviedo tenía en la Calle del Rosal, entre otros lugares. Luego los fieles ovetenses abrieron un oratorio en la Calle de Posada Herrera (Capilla Nuestra Señora de la Salette, se llamaba) y, tras el cierre de éste, se recurrió a los salones de hoteles hasta que volvió a abrirse un oratorio, esta vez en la Calle Pérez de la Sala (Capilla Cristo Rey), que se cerró coincidiendo con el confinamiento. Ahora se vuelve al mismo hotel que se utilizaba hace unos años. El programa de la primera misión de esta nueva etapa es el siguiente:

Sábado 13 de noviembre de 2021
San Diego de Alcalá, confesor; San Eugenio de Toledo, obispo y confesor; Santos Arcadio y compañeros, mártires

19:00 Santa Misa
Media hora antes de la Misa: confesiones

20:00 Conferencia
Los orígenes de la Hermandad de San Pío X

Gran Hotel Regente. Salón Sella
C/. Jovellanos, 31
33003 Oviedo

Más información: misatradicional.asturias1@gmail.com

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Gijón: festival cutre, cartel blasfemo

octubre 14, 2021

Nota de la Junta Local de Gijón de la Comunión Tradicionalista:

El Ayuntamiento de Gijón, a través de su constelación de chiringuitos «culturales»; y el Gobierno autonómico de Asturias, promotor de todo lo antiasturiano, patrocinan ahora un «nuevo» festival cinematográfico: «Fantastic Gijón. Festival Internacional de Cine Fantástico», que anuncian se celebrará en la Universidad Laboral entre los días 21 y 24 de octubre.

Entrecomillamos «nuevo» porque algo muy parecido, pero con menos pretensiones y presupuesto, ya se hacía en Gijón antes del retorno a los chiringuitos de lo más fino de la subvencionada progresía local: a alguien hay que tener contento, y la alcaldesa intrusa resulta intolerable a casi todos.

A falta de originalidad y de importancia, los organizadores de dicho festival han optado por llamar la atención de una manera muy querida de los progres: con la provocación con un cartel que falta al respeto a la Madre de Dios, María Santísima. Un cartel blasfemo.

Los laicistas y, en general, los raros e inadaptados que nos desgobiernan se han acostumbrado a la falta de reacción ante sus atropellos. El clero, indigno, calla; la derecha, por su parte, tiene sus montajes y sus plataformas para distraer a quienes reaccionarían y hacer estéril su indignación. Pero que no se acostumbren. La verdadera reacción llegará, y les va a pillar desprevenidos.

Gijón, 14 de octubre de 2021.

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La Cruz y San Mateo. (Cualquier tiempo pasado fue verdaderamente mejor)

septiembre 17, 2021

Los que, propios o extraños, veis con especial agrado el aspecto de capital animada y culta que tiene Oviedo, ¿no percibís a través de sus lindos hoteles, sus magníficas modernas viviendas, sus jardines, sus paseos, sus comercios y alumbrados, su lujo, su vida y actividad, algo, que revela a la ciudad antigua con sus calles tortuosas, su caserío desigual, sus volados sobre las aceras y sus edificios públicos e iglesias, que ostentan el sello de pasados siglos? ¿No observáis también como centinela avisado, que vigila sobre la ciudad, o mejor dicho, como cariñosa madre, que vela junto a sus hijos, la esbelta torre de la Iglesia de San Salvador, cuya cruz en lo más alto de la gallarda ojival aguja se percibe desde los extremos todos de la población, desde San Francisco y desde el Rosal, desde la Puerta-nueva y calle de la Vega, lo mismo que desde Cimadevilla, los Estancos y avenidas del Bombé y del Hospicio?

Esa torre y esa Cruz van unidas tan indisolublemente a nuestra historia, vida y tradiciones, que si el Oviedo actual renegase de la Cruz, que se alza sobre su primer templo, incurriría en la más torpe ingratitud, quedando por ello reducida nuestra capital a un cuerpo sin alma y a un organismo fastuoso de apariencia deslumbradora, pero falto del aliento vivificante, que a los pueblos todos presta la idea religiosa y el culto de lo sobrenatural.

Al calor de esta idea nació Oviedo, cuyos fundadores aquí vinieron por impulso religioso a enseñar a los naturales a alabar a Dios en el culto de sus Santos, y eran monjes, que roturaron no lejos de Foncalada los terrenos donde había de asentarse la primitiva población. Los primeros sucesores de Fruela edificaron templos al Dios vivo; y de Alfonso el Casto y de Ramiro y de otros monarcas asturianos cuentan las crónicas rasgos de piedad cristiana, que atestiguan todavía con elocuencia muda restos arqueológicos de subido valor.

Alfonso el Casto recogió de Monsacro el arca preciosa, que contenía las reliquias venerandas, que la piedad de los Obispos pudo sustraer al pillaje de los hijos de Mahoma, vencedores junto al Guadalete; y depositado tan rico tesoro en la Iglesia Catedral, se buscó en la Cámara Santa un recinto a propósito para contener aquellos santos despojos y religiosos trofeos, a fin de que ante ellos pudieran postrarse con respetuosa y viva fe los naturales de Asturias y los católicos de las más apartadas regiones. Prelados y Reyes, pueblo y magnates, españoles y extranjeros se esmeraron a porfía, durante los siglos medios y en tiempos posteriores, en dar a las Santas Reliquias de la Iglesia ovetense toda la importancia que merecían en la esfera de la piedad y de la Religión. La Santa Sede, por su parte, se mostró liberal en la concesión de gracias espirituales a nuestra insigne Catedral; y entre otros muchos privilegios le fue otorgado el del Jubileo de la Santa Cruz.

Como en las Santas Reliquias figuran en primer término las dos célebres Cruces, la Cruz de la Victoria, que el egregio Don Pelayo llevaba en sus manos al debelar contra la morisma en las fragosidades de Covadonga, y la Cruz de los Ángeles, presente, de origen sobrehumano, que otorgó la divina Misericordia a uno de los más insignes Reyes de Asturias; como hay también en la Cámara Santa un pequeño Lignum Crucis, custodiándose igualmente allí un Crucifijo de toscos perfiles cuanto remota y venerable antigüedad, habiendo asimismo algunas espinas de la Corona del Salvador, con más de un trozo de la Sábana Santa, y sobre todo la riquísima e inapreciable reliquia del Santo Sudario, todos estos recuerdos, documentos y testigos de la Pasión adorable del Hijo de Dios, explican perfectamente el acierto con que los promovedores del Jubileo y el Jefe augusto de la Iglesia, al concederlo, eligieron la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz como tiempo el más propicio para derramar abundantemente sobre los fieles el raudal de gracias espirituales, de que la Iglesia Católica es depositaria y dispensadora.

El Papa Eugenio IV fue el primero que otorgó a la Iglesia ovetense este Jubileo: Pío IV lo amplió de una manera notable en cuanto a la duración, determinando que el año en que la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz cayese en viernes, dure aquél dos meses, uno anterior y otro posterior a la mencionada fiesta, o sea desde el catorce de agosto al catorce de octubre. Por último, Pío II había relevado al Jubileo de toda suspensión, de modo que no fuesen interrumpidas las gracias que por el mismo concede la Santa Sede, entre las cuales se cuenta la singularísima de poder los penitentes ser absueltos de todos los pecados reservados a Roma, excepto los de la Bula de la Cena.

Dura el Jubileo ordinario de la Santa Cruz dos octavas, una anterior y otra posterior a la fiesta de la Exaltación, o sea desde el seis de septiembre a primeras vísperas, hasta el veintidós a la puesta del sol. En ese período los fieles que convenientemente preparados con la Confesión y Comunión visitaren nuestro templo Catedral, rogando a Dios por la extirpación de las herejías, aumento de la fe católica y demás piadosos fines de la Iglesia, pueden lucrar indulgencia plenaria; y esto cuantas veces practicaren las obras prescriptas, pues el Jubileo es de los llamados toties quoties.

Y como la octava de la Santa Cruz coincide con la fiesta de San Mateo, ya de muy antiguo la mayoría de fieles, sobre todo de puntos lejanos, aprovechaba la víspera y día del Santo Apóstol para venir a la ciudad, purificar su conciencia, visitar la Iglesia Catedral; y la gente de aldea procurar de paso adquirir en Oviedo algunos útiles de labranza y enseres de recolección de frutos, que en ese tiempo tienen su especial mercado.

Así se explica bien que la Cruz y San Mateo vengan unidos de muy antiguo en la vida religiosa de la ciudad de Oviedo. Y como Zaragoza tiene su Virgen del Pilar y Madrid su San Isidro y Valencia su San Vicente y Compostela su Santiago, así Oviedo tenía y tiene el Jubileo de la Santa Cruz como centro de atracción de voluntades para los verdaderos creyentes; y cualesquiera sean las vicisitudes de los tiempos, lo permanente, lo invariable será entre nosotros, en tan clásicos días, la solemnidad religiosa de la Catedral Basílica y la explosión de cristianos afectos que a la devoción inspira siempre el misterio adorable de la Cruz.

No eran necesarios festejos ni luminarias, ni músicas, ni bullicio en aquellos tiempos, bien cercanos todavía a las nuestros, en que las gentes dormían sobre el duro suelo, bajo los soportales que hay frente a la Catedral, esperando vez a las puertas del Santo Templo en la madrugada del veintiuno; no eran precisos, repetimos, aquellos alicientes para que el Jubileo revistiese un carácter eminentemente popular.

Hoy, aunque para la gente superficial los toros y las cintas y el teatro lo sean todo, hay todavía, a Dios gracias, gentes de todo sexo, edad y condición, que saben que no sólo de pan vive el hombre, y que buscan en las gracias espirituales del Jubileo algo que conforte al espíritu en las luchas y vaivenes de la vida. Lo moderno ni debe ser, ni es en muchas ocasiones adversario de lo tradicional y antiguo. Muchos de los dueños o inquilinos de las suntuosas viviendas, que hacen del Oviedo actual una población distinguida y culta, van al templo en estos días a postrarse ante el ministro del Señor: y esa locomotora, cuyo silbido parece querer ahogar a veces el dulce son de las campanas, conduce en los coches que arrastra devotos peregrinos que con fe y piedad sinceras, al llegar a la ciudad, reservan su primera mirada para la Cruz Santa que corona la alta torre, y se postran después reverentes ante el Santo Sudario, murmurando fervorosa plegaria en presencia de la inestimable reliquia, que precisamente por el mucho concurso de gentes, se enseña mañana y tarde el día de San Mateo.

Este artículo se publicó originalmente en el número 38 de LAS LIBERTADES, de fecha 17 de septiembre de 1893. Explica muy bien cómo vino a celebrarse San Mateo, que no es el santo patrono de Oviedo, aunque pudiera parecerlo. Hoy, cuando se han olvidado las octavas (salvo entre los católicos estrictísimamente fieles a la tradición), poco se entenderá esa relación entre la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, 14 de septiembre, y la de San Mateo, apóstol y evangelista, 21 de septiembre. Menos aún se reconocerá aquel Oviedo, ni en su urbanismo ni en sus piadosas costumbres. Y es que tantos años de liberalismo, político, económico y religioso, han pasado factura.

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