Posts Tagged ‘Iglesia’

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La Cruz y San Mateo. (Cualquier tiempo pasado fue verdaderamente mejor)

septiembre 17, 2021

Los que, propios o extraños, veis con especial agrado el aspecto de capital animada y culta que tiene Oviedo, ¿no percibís a través de sus lindos hoteles, sus magníficas modernas viviendas, sus jardines, sus paseos, sus comercios y alumbrados, su lujo, su vida y actividad, algo, que revela a la ciudad antigua con sus calles tortuosas, su caserío desigual, sus volados sobre las aceras y sus edificios públicos e iglesias, que ostentan el sello de pasados siglos? ¿No observáis también como centinela avisado, que vigila sobre la ciudad, o mejor dicho, como cariñosa madre, que vela junto a sus hijos, la esbelta torre de la Iglesia de San Salvador, cuya cruz en lo más alto de la gallarda ojival aguja se percibe desde los extremos todos de la población, desde San Francisco y desde el Rosal, desde la Puerta-nueva y calle de la Vega, lo mismo que desde Cimadevilla, los Estancos y avenidas del Bombé y del Hospicio?

Esa torre y esa Cruz van unidas tan indisolublemente a nuestra historia, vida y tradiciones, que si el Oviedo actual renegase de la Cruz, que se alza sobre su primer templo, incurriría en la más torpe ingratitud, quedando por ello reducida nuestra capital a un cuerpo sin alma y a un organismo fastuoso de apariencia deslumbradora, pero falto del aliento vivificante, que a los pueblos todos presta la idea religiosa y el culto de lo sobrenatural.

Al calor de esta idea nació Oviedo, cuyos fundadores aquí vinieron por impulso religioso a enseñar a los naturales a alabar a Dios en el culto de sus Santos, y eran monjes, que roturaron no lejos de Foncalada los terrenos donde había de asentarse la primitiva población. Los primeros sucesores de Fruela edificaron templos al Dios vivo; y de Alfonso el Casto y de Ramiro y de otros monarcas asturianos cuentan las crónicas rasgos de piedad cristiana, que atestiguan todavía con elocuencia muda restos arqueológicos de subido valor.

Alfonso el Casto recogió de Monsacro el arca preciosa, que contenía las reliquias venerandas, que la piedad de los Obispos pudo sustraer al pillaje de los hijos de Mahoma, vencedores junto al Guadalete; y depositado tan rico tesoro en la Iglesia Catedral, se buscó en la Cámara Santa un recinto a propósito para contener aquellos santos despojos y religiosos trofeos, a fin de que ante ellos pudieran postrarse con respetuosa y viva fe los naturales de Asturias y los católicos de las más apartadas regiones. Prelados y Reyes, pueblo y magnates, españoles y extranjeros se esmeraron a porfía, durante los siglos medios y en tiempos posteriores, en dar a las Santas Reliquias de la Iglesia ovetense toda la importancia que merecían en la esfera de la piedad y de la Religión. La Santa Sede, por su parte, se mostró liberal en la concesión de gracias espirituales a nuestra insigne Catedral; y entre otros muchos privilegios le fue otorgado el del Jubileo de la Santa Cruz.

Como en las Santas Reliquias figuran en primer término las dos célebres Cruces, la Cruz de la Victoria, que el egregio Don Pelayo llevaba en sus manos al debelar contra la morisma en las fragosidades de Covadonga, y la Cruz de los Ángeles, presente, de origen sobrehumano, que otorgó la divina Misericordia a uno de los más insignes Reyes de Asturias; como hay también en la Cámara Santa un pequeño Lignum Crucis, custodiándose igualmente allí un Crucifijo de toscos perfiles cuanto remota y venerable antigüedad, habiendo asimismo algunas espinas de la Corona del Salvador, con más de un trozo de la Sábana Santa, y sobre todo la riquísima e inapreciable reliquia del Santo Sudario, todos estos recuerdos, documentos y testigos de la Pasión adorable del Hijo de Dios, explican perfectamente el acierto con que los promovedores del Jubileo y el Jefe augusto de la Iglesia, al concederlo, eligieron la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz como tiempo el más propicio para derramar abundantemente sobre los fieles el raudal de gracias espirituales, de que la Iglesia Católica es depositaria y dispensadora.

El Papa Eugenio IV fue el primero que otorgó a la Iglesia ovetense este Jubileo: Pío IV lo amplió de una manera notable en cuanto a la duración, determinando que el año en que la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz cayese en viernes, dure aquél dos meses, uno anterior y otro posterior a la mencionada fiesta, o sea desde el catorce de agosto al catorce de octubre. Por último, Pío II había relevado al Jubileo de toda suspensión, de modo que no fuesen interrumpidas las gracias que por el mismo concede la Santa Sede, entre las cuales se cuenta la singularísima de poder los penitentes ser absueltos de todos los pecados reservados a Roma, excepto los de la Bula de la Cena.

Dura el Jubileo ordinario de la Santa Cruz dos octavas, una anterior y otra posterior a la fiesta de la Exaltación, o sea desde el seis de septiembre a primeras vísperas, hasta el veintidós a la puesta del sol. En ese período los fieles que convenientemente preparados con la Confesión y Comunión visitaren nuestro templo Catedral, rogando a Dios por la extirpación de las herejías, aumento de la fe católica y demás piadosos fines de la Iglesia, pueden lucrar indulgencia plenaria; y esto cuantas veces practicaren las obras prescriptas, pues el Jubileo es de los llamados toties quoties.

Y como la octava de la Santa Cruz coincide con la fiesta de San Mateo, ya de muy antiguo la mayoría de fieles, sobre todo de puntos lejanos, aprovechaba la víspera y día del Santo Apóstol para venir a la ciudad, purificar su conciencia, visitar la Iglesia Catedral; y la gente de aldea procurar de paso adquirir en Oviedo algunos útiles de labranza y enseres de recolección de frutos, que en ese tiempo tienen su especial mercado.

Así se explica bien que la Cruz y San Mateo vengan unidos de muy antiguo en la vida religiosa de la ciudad de Oviedo. Y como Zaragoza tiene su Virgen del Pilar y Madrid su San Isidro y Valencia su San Vicente y Compostela su Santiago, así Oviedo tenía y tiene el Jubileo de la Santa Cruz como centro de atracción de voluntades para los verdaderos creyentes; y cualesquiera sean las vicisitudes de los tiempos, lo permanente, lo invariable será entre nosotros, en tan clásicos días, la solemnidad religiosa de la Catedral Basílica y la explosión de cristianos afectos que a la devoción inspira siempre el misterio adorable de la Cruz.

No eran necesarios festejos ni luminarias, ni músicas, ni bullicio en aquellos tiempos, bien cercanos todavía a las nuestros, en que las gentes dormían sobre el duro suelo, bajo los soportales que hay frente a la Catedral, esperando vez a las puertas del Santo Templo en la madrugada del veintiuno; no eran precisos, repetimos, aquellos alicientes para que el Jubileo revistiese un carácter eminentemente popular.

Hoy, aunque para la gente superficial los toros y las cintas y el teatro lo sean todo, hay todavía, a Dios gracias, gentes de todo sexo, edad y condición, que saben que no sólo de pan vive el hombre, y que buscan en las gracias espirituales del Jubileo algo que conforte al espíritu en las luchas y vaivenes de la vida. Lo moderno ni debe ser, ni es en muchas ocasiones adversario de lo tradicional y antiguo. Muchos de los dueños o inquilinos de las suntuosas viviendas, que hacen del Oviedo actual una población distinguida y culta, van al templo en estos días a postrarse ante el ministro del Señor: y esa locomotora, cuyo silbido parece querer ahogar a veces el dulce son de las campanas, conduce en los coches que arrastra devotos peregrinos que con fe y piedad sinceras, al llegar a la ciudad, reservan su primera mirada para la Cruz Santa que corona la alta torre, y se postran después reverentes ante el Santo Sudario, murmurando fervorosa plegaria en presencia de la inestimable reliquia, que precisamente por el mucho concurso de gentes, se enseña mañana y tarde el día de San Mateo.

Este artículo se publicó originalmente en el número 38 de LAS LIBERTADES, de fecha 17 de septiembre de 1893. Explica muy bien cómo vino a celebrarse San Mateo, que no es el santo patrono de Oviedo, aunque pudiera parecerlo. Hoy, cuando se han olvidado las octavas (salvo entre los católicos estrictísimamente fieles a la tradición), poco se entenderá esa relación entre la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, 14 de septiembre, y la de San Mateo, apóstol y evangelista, 21 de septiembre. Menos aún se reconocerá aquel Oviedo, ni en su urbanismo ni en sus piadosas costumbres. Y es que tantos años de liberalismo, político, económico y religioso, han pasado factura.

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Misas, peregrinaciones y confusiones

julio 23, 2021
El «Breve examen crítico del Novus Ordo Missae» (1969) es un documento que conviene leer y releer

Ha causado considerable revuelo una noticia de LAS LIBERTADES en las redes sociales acerca de una peregrinación a Covadonga anunciada para este mes de julio por una asociación denominada «Nuestra Señora de la Cristiandad – España». El nombre suena bien, si no se conocen sus motivaciones: es la traducción al español del nombre de la asociación francesa «Notre-Dame de Chrétienté», que en 1988 rompió la unidad de la famosa peregrinación tradicionalista de Pentecostés a Chartres, optando por la «línea media» del vaticanosegundismo con el adorno incongruente de la Misa tradicional (siempre que se lo permitan). Entre otros méritos históricos, la asociación francesa cuenta con los de la promoción de la «ikurriña» —la bandera separatista antivasca y antiespañola— y de los atuendos y comportamientos inapropiados para una peregrinación católica (en Internet pueden encontrarse y compararse fotografías de las dos peregrinaciones: la París-Chartres, que es la de «Notre-Dame de Chrétienté», y la Chartres-París, que es la más fiel a la original aunque haya tenido que invertir la ruta).

Ha habido frecuente participación carlista en dicha peregrinación francesa, antes de la división y, después de ella, en la Chartres-París. A la otra, la de «Notre-Dame de Chrétienté» se han apuntado en los últimos años unos pocos —muy pocos— falsos carlistas, demócratacristianos de la FCTC (falsa comunión tradicionalista carlista). Con estos antecedentes se empezará a entender el recelo que en LAS LIBERTADES provocó la aparición de una imitación española de la peregrinación semitradicionalista francesa.

Nos consta la buena voluntad de los enlaces asturianos de este proyecto de peregrinación. Lo que tememos es que se hayan visto sorprendidos en su buena fe. Un vistazo a los «capítulos» de peregrinos anunciados en la página web de «Nuestra Señora de la Cristiandad – España» muestra, para quienes tengan cierto conocimiento del mundillo próximo al tradicionalismo (pero no tradicionalista propiamente) y de los «católicos» conservadores españoles, que muchos de ellos no sólo no han tenido nunca interés en la Santa Misa tradicional, objeto oficial de esta peregrinación, sino que en algún caso tienen historial de hostilidad hacia ella.

También aparecen entre los «capítulos» asociaciones supuestamente próximas al carlismo. En realidad ninguna de ellas lo es. Se nos ha dicho, por otra parte, que la organización ha prohibido el uso de boinas rojas y otros símbolos de la causa legitimista: motivo suficiente para que ningún carlista de verdad acuda.

Los términos utilizados por los organizadores, desde la consabida «forma extraordinaria del rito romano» (enviada al cajón de los absurdos caducados por el motu proprio vaticano del pasado viernes) hasta su afectado respeto por el Novus Ordo Missae, la «misa nueva», incomodan a cualquier católico fiel a la tradición.

Hete aquí que, como decíamos, el pasado viernes salió del Vaticano un motu proprio «Traditionis custodes» que anula e invalida otro, el «Summorum Pontificum» del año 2007, que a su vez corregía en parte el motu proprio «Ecclesia Dei» de 1988 y la imposición del Novus Ordo Missae de 1969.

Sin reparar ahora en la evidente ilegalidad de todos ellos ni en los numerosos errores doctrinales que contienen (novum, ergo falsum), salta a la vista que no pueden ser obra de la Iglesia. La Santa Madre Iglesia custodia la Fe y el culto divino: no los inventa y reinventa una y otra vez; no pueden los papas contradecir una y otra vez a sus antecesores y mantener al clero y a los fieles en una constante incertidumbre. Según este proceder, el motu proprio de este mes podrá anularse y contradecirse con otro emitido dentro de poco: y luego otro al revés, y así ad infinitum.

Lo interesante es que el motu proprio ahora derogado, «Summorum Pontificum», nunca fue aplicado ni respetado, por muy «legal» y vigente que fuese, en ninguna diócesis española. Menos aún en la de Oviedo. El único sacerdote que actualmente celebra en ésta la Misa tradicional lo hace sólo domingos y festivos de precepto, con máximas dificultades (la celebración pública se ha interrumpido varias veces por no encontrar templo que la acogiese). Los sucesivos titulares de la diócesis, Carlos Osoro y Jesús Sanz, no han hecho nada por remediar la situación. Los otros sacerdotes que mostraron interés, alguno que incluso había llegado a oficiar la Misa de siempre, se encontraron con que la legalidad presuntamente vigente no se les aplicaba, y abandonaron. «Summorum Pontificum» permitía siempre y sin necesidad de permisos diocesanos la utilización del Misal de 1962. Los miembros de la Conferencia Episcopal, en cambio, no.

Ese desprecio hacia lo que venía de Roma en 2007 contrasta con la ágil, urgentísima aplicación de la cuasi prohibición de la Misa tradicional. Sólo cinco días después de la publicación del irónicamente denominado «Traditionis custodes», Fray Jesús Sanz Montes lo ha aplicado a la peregrinación de la que hablamos. Y con burla y recochineo. Aparte de las risibles contradicciones en que incurre el franciscano conventual madrileño sobre lo que es y era legal e ilegal y ya no lo es, o sí lo es, o vaya usted a saber, prohíbe expresamente a los peregrinos que la Santa Misa tradicional se celebre en cualquier templo de la diócesis. Para colmo, habla directamente en nombre de los organizadores, cor unum: «Tanto los jóvenes de esta organización, como todos los obispos que estamos de veras en comunión con el Papa, acatamos filialmente sus disposiciones. En este sentido quiero aclarar a nuestra comunidad diocesana, en especial a los sacerdotes, cómo he procedido ante esta Asociación Ntra. Sra. de la Cristiandad ante el nuevo escenario canónico, con total aceptación por su parte».

Suponemos que también «filialmente», atención, Sanz Montes amplía por su cuenta las prohibiciones contenidas en «Traditionis custodes». Este motu proprio suprime la celebración de la Misa según el rito romano tradicional en las parroquias. El titular de la diócesis de Oviedo la impide también en su catedral y en el Santuario de Covadonga, que no son templos parroquiales.

Como se ha dicho, esa supuesta «comunión de veras con el Papa» de la que se jacta Fray Jesús no la ha aplicado, en lo que concierne a la Santa Misa, hasta el día 21 de este mes de julio. Es decir, no hasta que el nuevo cambio ha permitido volver a intentar imponer exclusivamente la nueva misa, expresión de la nueva fe de la nueva iglesia nacida del Vaticano II.

Y añade, para mayor escarnio: «No hay ningún problema, sin embargo, en celebrar allí la Santa Misa según el ordo litúrgico establecido por San Pablo VI [sic], pudiendo celebrar en latín y ad orientem». O sea, les da permiso, graciosamente, para celebrar la nueva misa, el Novus Ordo Missae, que no sufre (por desgracia) persecución ni dificultad alguna, ni —según la legislación vaticanosegundista— necesita permiso para celebrarse de cualquier manera. ¡Qué simpático, Fray Jesús!

¿Cómo han reaccionado los de «Nuestra Señora de la Cristiandad – España»?

Acogiéndose sin rechistar a otra genialidad de Fray Jesús Sanz: «Fuera de los templos e iglesias, los sacerdotes podrán celebrar la Santa Misa de campaña, observando la disciplina litúrgica y rúbricas con el Vetus ordo»; añadiendo el franciscano «siempre y cuando tengan autorización de sus Obispos correspondientes (Trad.Cust. art. 5)», lo cual, como él sabe bien, es casi imposible en España. Y añadiendo los organizadores expresiones de entusiasmo infantil y de servilismo bobalicón, en la línea de los «Papa-boys» y «Papa-girls» de las JMJ.

¿Cómo habrían reaccionado católicos verdaderamente adheridos a la tradición?

  1. Intentando que las Misas se celebren en los templos, niéguelo quien lo niegue. Es lo que se hace entre católicos: sólo se celebra fuera de los templos cuando no hay más remedio.
  2. En caso de no poder forzar la entrada, se habría recurrido a las Misas de campaña frente a los templos cerrados, poniendo de manifiesto que no se renuncia a ellos. Y se expresaría inequívocamente la protesta, no la adhesión a supuestas autoridades eclesiásticas que actúan de mala fe y contra la Fe.

Pero ya se ve que no es el caso de esta extraña peregrinación.

Una observación adicional. «Nuestra Señora de la Cristiandad – España» dice en su página de Twitter que organizan una «peregrinación anual [ya veremos] desde Oviedo al Santuario de Covadonga para contribuir a la restauración del orden social cristiano. 24 – 26 de julio de 2021». Resaltamos: «para contribuir al orden social cristiano».

Se da la circunstancia de que los «espontáneos» que han saltado en defensa de esta peregrinación en las redes sociales, en respuesta a nuestra noticia, muestran en sus perfiles de Twitter ser liberales, demócratas, constitucionalistas (al igual que Fray Jesús Sanz Montes, por cierto). Es decir: enemigos del orden social cristiano.

Quizá proceda volver sobre esto, y quizá LAS LIBERTADES lo haga. No parece fortuito, sino coordinado (aunque no muy hábilmente) el esfuerzo de ciertos grupos y tendencias por infiltrarse del campo tradicionalista; probablemente buscando quedarse con su bandera y ponerla al servicio de ciertas formas de liberalismo. Y se intuye, entre otros, al Yunque tras de ellos.

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San Pelayo, contra los abderramanes del régimen constitucional

junio 26, 2021

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Hoy 26 de junio celebra la Iglesia la festividad de San Pelayo, mártir (911-925). Santo del Reino de Asturias, pariente de San Rosendo y de la realeza asturiana. Mártir no sólo por no renegar de su Fe frente a los mahometanos, sino sobre todo por defender su pureza frente a los aberrosexualistas (esos pervertidos que son ridículamente llamados «homosexuales» o «gays»). Santo patrón de los niños y jóvenes carlistas. Desde Oviedo, esta antigua corte de la Monarquía asturiana que custodia sus reliquias, lo recordamos reproduciendo una antigua entrada de la desaparecida web Atrévete a pensar, y con unas apostillas de actualidad a continuación.

El joven murió martirizado por negarse a ser sodomizado por el sultán de Córdoba. Como afrenta, el «Orgullo Gay» se celebra siempre el siguiente fin de semana a su festividad: 26 de junio. Adalides de la tolerancia…

Su biógrafo dice que era tardo para la sonrisa; sin razón ninguna para no creerlo, aceptamos su testimonio y hasta puede ser que al final de la hagiografía terminemos por darle la razón.
Nacido en la actual Galicia, a orillas del Miño; solía jugar con los otros chicos en el pórtico de la episcopal de Tuy. Era sobrino del obispo Hermogio; por eso estudiaba gramática en la escuela junto a la catedral, donde se iba aprendiendo el salterio día a día; también en los días más solemnes se unía al canto mozárabe y actuaba como monaguillo en las funciones litúrgicas.

Pero aquello quedaba lejos. Ahora lo habían metido en la cárcel de Córdoba, donde los cuerpos de sus compañeros estaban sujetos con cadenas y grilletes; aquellos esclavos daban un hedor nauseabundo, pero a todo se acostumbra uno; un guardia con látigo iba a por ellos para llevarlos a sus tareas de arreglar jardines, limpiar mezquitas, atender los baños, arrimar tierra y amontonar ladrillos para las construcciones. Al regreso contaban que era inabarcable el trabajo que había en aquella ciudad enorme.

A Pelayo le habían dicho que le llevaban a ver al tío, y no le mintieron del todo, porque vio a Hermogio que estaba en la prisión, ya enfermo y hecho un viejo. Lo habían apresado el año anterior en la batalla de Val de Junquera (920) y desde allí lo llevaron a Córdoba. Pelayo era su rescate porque, al no llegar el oro, más valía un joven que un viejo.

El niño pensó que aquella situación acabaría pronto; así se lo aseguró su tío, pero con lo enfermo que iba al pasar el Duero, nada más llegó a saberse del obispo. Es verdad que de vez en cuando venían oleadas de prisioneros nuevos; pero en los cuatro años que pasó en la prisión, cada día repetía al anterior y fijaba al de mañana. Pelayo tenía permitido estar en otras estancias mientras sacaban a los mayores para el trabajo diario; como no había alborotado, ni dado un problema, ni se había unido a ninguna insurrección, hasta se había ganado la confianza de sus guardianes; pasaba bastante tiempo leyendo códices a escondidas y por la noche preguntaba lo que o entendía a los clérigos presos. Aprendió a discutir con carceleros y con los dueños de las casas ricas donde lo pusieron a trabajar de día; supo atraer su simpatía y respeto. Aquel chico valía la promesa de dinero.

Comprendió la corrupción generalizada de Córdoba, que a la vez era fortaleza, poder, arte, libros, bullicio, mercado con una gran cantidad de gente que compraba y vendía, reía, vociferaba más que hablaba, estaba contenta, y con frecuencia escuchaba a poetas que solían cantar las gracias de los mancebos. Tuvo tiempo de ver la confusión moral generalizada del lugar donde vivían hacinados los trabajadores esclavos y los presos sometidos a condena, y allí mismo necesitó energía heroica para guardar su pureza. Por eso decía «Dios quiera que no me vea en apuros más terribles». Porque allí se enteró de que los altos cargos se compraban con la prostitución de las conciencias; sí, al renegar de la religión venían sin mucho esfuerzo las casas, los palacios con esclavos del mediterráneo o judíos comerciantes de Alemania o de Francia, oro y tierras. Era la política de Abderramán III, que los hacía instrumentos útiles y manejables al cambiar de religión y prestarle infames servicios.

El joven Pelayo no cedió cuando lo llamaron a prestarlos aunque lo llevaran con protocolo al fastuoso ambiente cortesano, donde había alfombras y tapices, vasos de plata, aromas exóticos y guardianes sudaneses. Iba todo bañado, limpio, elegantemente vestido y perfumado; así lo presentaron ante el emir Abderramán III, el Victorioso, hombre dominado por la sensualidad, aunque los historiadores lo alaben por su corazón bondadoso. Las promesas de honor, riqueza y poder si se hacía musulmán se quedaron pequeñas. Sus palabras: «Soy cristiano y lo seré. Tus riquezas no valen nada. No voy a renegar de Cristo que es mi Señor y el tuyo, aunque tú no lo quieras». Y «Atrás, perro» (echándose para atrás, cuando intentaba tocar su ropa aquel soberano) «¿crees que soy como esos jóvenes infames que te acompañan?». Y rezó: «Señor, líbrame de las manos de mis enemigos».

Una catapulta de guerra lo lanzó desde un patio del alcázar hasta la otra orilla del Guadalquivir; como aún vivía, un guardia negro le cortó la cabeza con la espada. Era el primer cuarto del siglo X.

Su cuerpo fue trasladado a León, y más tarde a Oviedo, donde se veneran actualmente sus reliquias en el monasterio de benedictinas que lleva su nombre.

Los «gays» no se inventaron en el siglo XXI. Ni los mártires. Ya ves, Pelayo, cuando tanto invertido de uno y otro sexo campea hoy gritando por sus derechos, tú te quedas en la Historia como ejemplo de los que mueren por no querer serlo.

Según otras fuentes, San Pelayo fue mutilado y descuartizado antes de decapitado. Los sodomitas y los mahometanos (en verdad esto es a menudo redundante) se han distinguido siempre por lo satánico de su crueldad y de su odio.

El monasterio que custodia sus reliquias es el que lleva su nombre, el de las populares Pelayas. A ellas, ahora bastante desnortadas las pobres, pertenecen (en derecho, lo que de hecho y contra derecho perdieron con la inicua Desamortización, obra de los sucesores de Abderramán) los terrenos de la Fábrica de Armas de la Vega.

Inicua fue también la venta de nuestras fábricas de armas a esos otros aliados de Abderramán, la industria armamentista de los EE.UU., cuya embajada en Madrid iza la bandera LGBT+ durante este mes de junio (que está dedicado al Sagrado Corazón, pero ellos dedican a las perversiones contra natura). Pero ya se sabe que los políticos de la democracia gobiernan contra Asturias y contra España, igual que los apóstatas que a partir del siglo VIII colaboraban con los invasores mahometanos.

Los mismos abderramanes, sus logias y sus tropas auxiliares (los partidos y sindicatos del sistema) imponen su agenda degenerada («de género») a costa del erario público: mutilaciones y drogas («transexualidad»), lenguaje «inclusivo» (neolengua), adoctrinamiento escolar, persecución de quienes manifiestan públicamente la verdad…

Que San Pelayo nos asista en la expulsión de los sucesores de Abderramán. Empezando por los que ocupan el Palacio de la Zarzuela y por sus aduladores y cómplices de aquí.

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Cuando el laicista se llama Jorge Bergoglio

agosto 5, 2013

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Dada la importancia del documento, reproducimos a continuación la declaración que la Secretaría Política de la Comunión Tradicionalista ha hecho pública este último fin de semana.

Declaración de la Comunión Tradicionalista

El Papa Francisco, el pasado 27 de julio, ante la clase política del Brasil, se refería a «la contribución de las tradiciones religiosas, que desempeñan un papel fecundo de fermento en la vida social y de animación de la democracia», así como destacaba que «la convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad, favoreciendo sus expresiones concretas». Es difícil, en tan pocas líneas, levantar tantos temas trascendentes y con tan poco cuidado: la reducción de la religión a factor de animación de la democracia, la equiparación de la religión católica con las infidelidades y la afirmación sin discernimiento de la laicidad del Estado. Cierto es que ninguna de esas tesis es nueva, pues podrían documentarse sin dificultad en textos de sus inmediatos predecesores. Llama la atención, eso sí, la desenvoltura con que se expresan.

La Comunión Tradicionalista tiene como primer fundamento inmutable de la legitimidad española, expresado entre tantas otras veces por el Rey Don Alfonso Carlos, «la Religión Católica, Apostólica y Romana con la unidad y consecuencias jurídicas con que fue servida y amada tradicionalmente en nuestros Reinos». Tal sometimiento de la potestad gubernativa a la ley moral natural que la Iglesia custodia no procede, en cambio, del propio Carlismo, sino que es sencilla expresión de lo que la Iglesia siempre ha enseñado. La reiteración de doctrinas contrarias a este magisterio secular durante los últimos decenios, más aún cuando se propalan desde las máximas instancias de la Jerarquía, dificultan o impiden la acción de los católicos para que Cristo reine. Ante lo que la Comunión Tradicionalista no puede callar.

Madrid, 2 de agosto de 2013.

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