Posts Tagged ‘Don Sixto Enrique de Borbón’

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Sobre la boda de Jaime de Borbón Parma

octubre 7, 2013
Desgraciadamente no se han cumplido las esperanzas de aquel Quintillo. Los hijos de Carlos Hugo han fallado. Gracias a Dios nos queda el Infante Don Sixto Enrique, siempre fiel

Desgraciadamente no se han cumplido las esperanzas de aquel Quintillo. Los hijos de Carlos Hugo han fallado. Gracias a Dios nos queda el Infante Don Sixto Enrique, siempre fiel

Nota de la Secretaría Política de S.A.R. el Regente, Don Sixto Enrique de Borbón, sobre el matrimonio desigual contraído por D. Jaime de Borbón Parma:

El sábado 5 de octubre de 2013, en Apeldoorn, Jaime de Borbón Parma y Lippe-Biesterfeld, quien podría ser el titular de la legitimidad sucesoria española, ha contraído matrimonio con la señorita Viktória Cservenyák, abogada húngara.

Con arreglo a las normas dinásticas españolas, que son las de aplicación en la Casa de Parma, este matrimonio priva enteramente de derechos sucesorios a la posible descendencia. Viktória Cservenyák, por su parte, no puede ostentar ningún título español ni parmesano.

En Madrid, a seis de octubre de dos mil trece

 

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San Ignacio de Loyola, protocarlista

julio 31, 2013

sanignaciodeloyola

Parecerá últimamente que LAS LIBERTADES se haya convertido en una especie de santoral. Y es que el calendario nos sirve no sólo para honrar a los santos, sino para introducir otros asuntos.

Hoy es la fiesta de San Ignacio de Loyola, confesor, fundador de la Compañía de Jesús. Una Compañía de Jesús hoy prácticamente desaparecida, por más que queden algunos jesuitas aislados. Aislados, sí, pues nadie aborrece más a los hijos fieles de San Ignacio que sus supuestos compañeros en esa congregación que, si no ha cambiado de nombre, ha cambiado en todo lo demás.

Los carlistas asturianos que pasan de los cuarenta años aún recuerdan cómo llegó, furtivamente, la noticia de que el Padre Manuel Soto Álvarez S.I., capellán del Círculo Cultural Juan Vázquez de Mella, había sido trasladado a Villagarcía de Campos, al antaño próspero noviciado que hoy, ya prácticamente sin vocaciones, ha sido convertido en moridero. Y allí murió enseguida, en el año 2002.

El Padre Soto nos sirve como ejemplo de la larga y estrecha relación entre la Compañía de Jesús y el Carlismo. Manuel Soto era de vieja familia tradicionalista gijonesa, requeté veterano del Tercio de Navarra. Muchos jesuitas fueron capellanes de requetés, y muchas familias carlistas entregaron hijos a la Compañía. Ya en 1833, poco después de haber sido restaurada la congregación fundada por San Ignacio, el Rey en el exilio tenía jesuitas a su alrededor. Todavía en la III Guerra Carlista recordaba el Padre Coloma que la mayoría de los presbíteros jesuitas rezaban en la Misa la colecta Et famulos así: Pro Rege nostro Carolo… Luego algunos (Luis Coloma, recién ordenado, entre ellos) empezaron a cambiar, en cobardía posibilista, a rezar por el Usurpador: «Pro Rege nostro Ildefonso». Algo más tarde vendría el nefasto Ángel Ayala, pionero de la «democracia cristiana» en España, así como los promotores de «sindicatos» católicos amarillos que sirvieron a la propaganda roja para calumniar al sindicalismo católico en su conjunto.

Pero al mismo tiempo, muchos jesuitas seguían fieles. La controversia interna entre integristas y posibilistas (liberales, en realidad) sacudió a la Compañía en España durante las primeras décadas del siglo XX; pero los pesos pesados, por su saber y santidad, eran antiliberales. España era, por así decirlo, la mitad de la Compañía de Jesús en el mundo; pero en la otra mitad, o en muchas partes de ella, la heterodoxia, el americanismo, el modernismo, habían hecho ya mella. Vino la II República y expulsó a los jesuitas. Los jóvenes recibieron formación en el extranjero, sobre todo en Europa. Cuando estos jóvenes llegaron a puestos de mando, a partir de la década de 1950, el declive empezó. Con el Vaticano II y con el Padre Arrupe como General, el declive se convirtió en desastre,  en autodemolición rapidísima y en una voluntad luciferina de ayudar a demoler cuanto quedase de la vieja Fe, de la vieja Misa, de la vieja Iglesia. Voluntad que no dudó en intentar aplastar a los jesuitas que permanecieron fieles.

¡Qué contraste con la Compañía de Jesús que fundara San Ignacio en el siglo XVI! Si el Concilio de Trento fue en no poca medida la extensión a la Iglesia universal de las reformas impulsadas por los Reyes Católicos en las Españas, los jesuitas encarnaron como nadie la doctrina y el espíritu tridentinos.

Ese mismo espíritu los aproximaba tanto al Carlismo en los siglos XIX y XX. Para empezar, Unidad Católica radical, sin tolerancias ni ecumenismos. Para muestra, párrafos de una carta del propio San Ignacio de Loyola a San Pedro Canisio, en 1554, sobre el problema de los protestantes en Alemania:

Los predicadores de herejías, los heresiarcas y, en suma, cuantos se hallare que contagian a otros con esta pestilencia, parece que deben ser castigados con graves penas. Sería bien se publicase en todas partes, que los que dentro de un mes desde el día de la publicación se arrepintiesen, alcanzarían benigno perdón en ambos foros, y que, pasado este tiempo, los que fueren convencidos de herejía, serían infames e inhábiles para todos los honores. Y aun, pareciendo ser posible, tal vez fuese prudente consejo penarlos con destierro o cárcel, y hasta alguna vez con la muerte […]

Quien no se guardase de llamar a los herejes «evangélicos», convendría pagase alguna multa, porque no se goce el demonio de que los enemigos del Evangelio y de la cruz de Cristo tomen un nombre contrario a sus obras; y a los herejes se los ha de llamar por su nombre, para que dé horror hasta nombrar a los que son tales, y cubren el veneno mortal con el velo de un nombre de salud.

Defensa de la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo, de la legitimidad y del orden natural, que llevó a los jesuitas de antaño a ser los más encarnizados enemigos de la Masonería, y a su vez a convertirse en la congregación religiosa más odiada por ésta. Otra feliz coincidencia: ningún «rey» liberal (todos ellos o masones o dependientes de la masonería) asistió nunca a los congresos antimasónicos, de los cuales los más brillantes eran promovidos por los jesuitas. Los exiliados reyes legítimos Don Carlos VII y Don Javier I sí asistieron y presidieron sus sesiones. Y hoy la realeza antimasónica está representada por el Regente Don Sixto Enrique de Borbón, Abanderado de la Tradición.

En sus Ejercicios Espirituales nos propone San Ignacio de Loyola la «Meditación de dos banderas, la una de Christo, summo capitán y señor nuestro; la otra de Lucifer, mortal enemigo de nuestra humana natura».

La bandera de Cristo, de Cristo Rey, es hoy la de Dios, Patria, Fueros y Rey legítimo. No queda ya, por desgracia, Compañía de Jesús que merezca este nombre; sí queda, por la misericordia de Dios, la Comunión Tradicionalista.

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Para desarmarse de risa

octubre 16, 2012

La Milicia Nacional, etarras del siglo XIX.

Nota de la Comunión Tradicionalista del Principado de Asturias:

Se agradece a La Nueva España que no dé por buena la disparatada versión del origen del Desarme que ahora se apunta hasta a escenificar (con cargo a los bolsillos de los ovetenses, en estos momentos de recesión pavorosa) esa covachuela de lerdos, ignorantes y amigos de lo ajeno en que se ha convertido el Ayuntamiento de Oviedo.

Sin embargo, el loable propósito de mostrar la verdad de aquellos lejanos acontecimientos no se logra del todo en el artículo-entrevista «El Desarme, desarmado«. Dice su autor, Ángel Fidalgo: «A los carlistas ovetenses les gusta el menú del Desarme, pero desarman su historia. […] ¿Por qué lo hacen ahora y no antes? Porque el Desarme de este año va a adquirir una dimensión que hasta ahora no tuvo, ya que al tradicional evento [sic] gastronómico se sumarán una mesa redonda, la constitución de una cofradía y la recreación en la plaza del Ayuntamiento del desarme de las tropas carlistas a manos de los liberales».

Al Sr. Fidalgo le habría bastado la hemeroteca de La Nueva España para ver que los carlistas ovetenses desarmaron hace muchos años, y repetidamente después, la infundada historia de un supuesto desarme de tropas carlistas, que nunca existió. Y mucho menos a manos de los liberales ovetenses, una pandilla de cobardes cuyos dignos (por indignos) herederos sientan hoy sus posaderas en el consistorio de la Plaza Mayor, a la que dan el mal nombre de la Constitución.

Todavía hace dos años la Comunión Tradicionalista de Asturias recordaba: «El único episodio de las Guerras Carlistas que se aproxima a la fecha del Desarme, pero no coincide con la misma, es el paso de una columna de los Ejércitos del Rey legítimo Don Carlos V, columna que mandaba el General Sanz. Para proteger un tren de suministros y prisioneros se llevó a cabo un ataque de distracción contra la Milicia Nacional (liberal) que por entonces aterrorizaba Oviedo, que sufrió numerosas bajas. Pero el día 20 de octubre de 1836, dicha columna entró triunfalmente en Gijón, por lo que los hechos relatados no pueden corresponder al Desarme ovetense, que se refiere más bien a uno de los varios desarmes llevados a cabo por liberales moderados contra su propia Milicia Nacional, advenedizos convertidos en terroristas, equiparables tanto por su actuación como por su adscripción política a la horda socialista que arrasó Oviedo en octubre de 1934; aunque los liberales del siglo XIX mantuvieron por mucho más tiempo su dominio de terror, robos, confiscaciones, masivas detenciones arbitrarias y asesinato de numerosos ovetenses».

Como conocemos a don Efraín Canella, a quien se fotografía y cita en el artículo-entrevista de La Nueva España, nos da la impresión de que don Ángel Fidalgo se ha equivocado un poco en la transcripción. Es un enorme dislate decir que «el 1 de noviembre de 1833 … En esa fecha no había carlistas en Oviedo». El 2 de octubre de 1833 los Voluntarios Realistas de Talavera de la Reina proclamaron a Don Carlos V. Por supuesto que el 1 de noviembre de aquel año, y antes de esa fecha, había carlistas en Oviedo.

Claro que para errores de transcripción destaca el de «María Cuervo-Arango, presidenta [sic] nacional de la Comunión Tradicionalista Carlista, y Javier Valdés, presidente regional de esta formación». En la Comunión Tradicionalista no existen ni han existido nunca los cargos de presidente nacional o regional. La Comunión Tradicionalista está encabezada actualmente por el profesor José Miguel Gambra Gutiérrez, Jefe Delegado de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón. Ni la Sra. María Cuervo-Arango ni el Sr. Javier Álvarez Valdés ostentan ningún cargo en el Carlismo, ni se distinguen por sus conocimientos sobre su historia ni su doctrina.

Comunión Tradicionalista del Principado de Asturias

Apartado de Correos 2.044 · 33080 Oviedo

http://carlismo.es/asturias

http://www.carlismo.es/

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The riddle of Strider

mayo 23, 2012
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Don Sixto Enrique de Borbón

All that is gold does not glitter,
Not all those who wander are lost;
The old that is strong does not wither,
Deep roots are not reached by the frost.
From the ashes a fire shall be woken,
A light from the shadows shall spring;
Renewed shall be blade that was broken,
The crownless again shall be king.
                       
    J.R.R. Tolkien, «The Lord of the Rings»




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