Posts Tagged ‘Política’

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La derecha es más laicista que la izquierda: el caso del Ayuntamiento de Oviedo

marzo 8, 2022

El pasado domingo era el primero de Cuaresma. El día anterior, Sábado después del Miércoles de Ceniza, sufrió Oviedo el «gran desfile del Carnaval». El domingo continuaban (y finalizaban, gracias a Dios) en la ciudad los festejos del «Carnaval» instituidos por el Ayuntamiento presidido por el «católico» Alfredo Canteli y gobernado por la coalición del Partido Popular y de Ciudadanos.

Como hace unos días señalaba LAS LIBERTADES en las redes sociales, el Carnaval termina cuando empieza la Cuaresma. Por lo que el Ayuntamiento de Oviedo, organizador de esta artificial carnavalada, desprecia y escarnece la religión e impide a los cristianos el recogimiento propio de este tiempo; se burla del Miércoles de Ceniza (que fue el pasado 2 de marzo, no se olvide) y de nuestra ciudad, además de convertir a Oviedo en objeto de mofa.

Este disparate sacrílego no es nuevo. El Carnaval (o, como algunos pretenden, el Antroxu) murió hace muchos años. Murió porque dejó de observarse estrictamente la Cuaresma, que antaño era tiempo de verdadera penitencia. Desaparecida ésta, el Carnaval dejó de tener sentido. Nunca había sido festivo oficial ni escolar, ni estaba organizado por los poderes públicos. Era espontáneo y popular, y en nada se parecía a las actuales carnavaladas municipales.

Los primeros ayuntamientos «democráticos» en manos de la izquierda decidieron reinventar el Carnaval, decretando, promoviendo y financiando estos jolgorios que son mezcla de fiesta infantil estadounidense, imitación cutre de Río de Janeiro y desfile del Orgullo sodomita. En Asturias fueron pioneros los de Gijón y Avilés, en manos del PSOE y de su muleta el PCE (más tarde Izquierda Unida). Pero al menos respetaron las fechas: el Martes de Carnaval se acababa la cosa.

Los de la derecha los imitaron, por supuesto. Y los ayuntamientos asturianos en manos del Partido Popular invadieron tranquilamente la Cuaresma con sus carnavaladas. Los más caracterizados, como eran los de Villaviciosa y Oviedo.

Alguno dirá que se hacía con el fin de promover el turismo, separando las fechas de «su» Carnaval de las de los concejos vecinos. Si fuera así sería ya bastante malo, por el profundo desprecio a la religión que denotaría. Pero no es sólo eso, como queda demostrado con mirar a las atrocidades que el Ayuntamiento de Oviedo perpetra durante las Navidades. Veamos las últimas.

Desfile de Santa Claus, renos y elfos, por las calles de Oviedo el día de Nochebuena de 2021. ¿Se puede caer más bajo? (Foto Paco Paredes / EFE)

La estrella ovetense de las pasadas Navidades fue… ¡Papá Noël! O eso decían el Ayuntamiento y los medios del régimen, porque siempre confunden el francés Papá Noël con el estadounidense Santa Claus. (En su descargo cabe decir que muchos franceses de hoy también los confunden). El Oviedo que sufre a Alfredo Canteli sufrió también hasta un desfile de Santa Claus, en plan versión pueblerina de Nueva York. «La idea es dinamizar la ciudad, su comercio y su hostelería», dijo la concejal del PP Covadonga Díaz, y subrayó que hay desfiles similares en otras ciudades (en otras ciudades en manos del extranjerizante PP). Por su parte, la concejal de Vox en el consistorio, Cristina Coto, acusó a Canteli de secularizar la Navidad ovetense: «Nos sorprende que Canteli, autodeclarado católico, secularice la Navidad ovetense con el desfile de Papá Noël». A la hora de entrar en detalles, la de la marca verde del PP no pudo, o no quiso, evitar caer en el ya manido sociologismo para sostener su acusación: «la religión mayoritaria en España es la católica». Resulta hasta divertido leer a Cristina Coto de la Mata criticar lo de Santa Claus. Porque antes de estar en Vox estuvo en FAC (Foro Álvarez-Cascos, alias Foro Asturias de Ciudadanos) y antes de eso en el Partido Popular, que abandonó el mismo año que Gabino de Lorenzo dejó la alcaldía de Oviedo. Y fue Gabino de Lorenzo, precisamente, quien secularizadoramente introdujo a Santa Claus (Papá Noël para sus adeptos carbayones) en las Navidades de la ciudad. Claro que él, adalid de la horterada, puso en las calles un trineo de Santa Claus… eléctrico. El de Canteli estaba tirado por renos de verdad. Si es que no se ahorran medios para que Oviedo sea cada vez menos ovetense.

También resultaría casi divertido, si el asunto no fuera tan serio, oír a la concejal de Vox quejarse de la secularización. Ella, que ha dado ejemplo de cristiandad «casándose» ante notario; que eso del sacramento está muy visto… Claro que en esto de la burla del sacramento, Alfredo Canteli también compite. Poco después de su elección, el «católico» alcalde ofició con gran pompa y boato y grandes muestras de satisfacción un «matrimonio» de sodomitas. Del PP, por supuesto.

Dejamos para otra ocasión ampliar el asunto con las relaciones aparentemente cordialísimas que estos consistorios de derechas mantienen con el Arzobispado. Su titular, Fray Jesús Sanz, sacó hace pocos días una de sus cartas semanales, dedicada al conflicto de Ucrania. Pide en ella no perderse en «batallas ideológicas», pero los términos en que se refiere a los implicados parecen sacados de las soflamas del PP o de Vox. No es la primera vez. A lo mejor en este liberalismo y esta extranjerización comunes reside el secreto de tan buen entendimiento con la derecha laicista.

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Rosa Menéndez de Caldevilla e «Iglesia-Mundo»

enero 31, 2022

El lunes 24 de enero, tres meses antes de cumplir los cien años, ha fallecido en Madrid Rosa María Menéndez Carrillo, viuda de Jaime Caldevilla García del Villar. Ambos nombres van unidos al de la revista Iglesia-Mundo. Jaime Caldevilla, asturiano como su mujer, que había sufrido prisión durante la revolución de 1934, durante la guerra combatió en el Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Covadonga. Estudió posteriormente Filosofía y Derecho en Oviedo, aunque su principal dedicación iba a ser el periodismo. Dirigió el diario Región y desempeñó el puesto de consejero de Información y Prensa en la Embajada de España en Cuba, participando como experto de la delegación española en tres asambleas generales de Naciones Unidas. Su época cubana coincide con la revolución castrista, periodo en el que facilitó la salida de la isla a miles de españoles y cubanos. Respecto de éstos su ayuda se extendió y recuerdo en la redacción y administración de Iglesia-Mundo a varios cubanos que se habían beneficiado de su generosidad.

Nació la revista en 1971, en el contexto de la famosa Asamblea Conjunta de obispos y sacerdotes, que agitó las aguas eclesiásticas con la aparición —que a algunos sorprendió, cuando lo que sorprendía era la sorpresa— de un progresismo campante. Una treintena de obispos se hallaba detrás del proyecto, aunque el número decreciera enseguida sensiblemente. Don Laureano Castán Lacoma, obispo de Sigüenza, y don José Guerra Campos, obispo auxiliar de Madrid, se distinguieron particularmente por su apoyo. Además, las tensiones entre los propios obispos, de un lado, y entre los obispos y la revista, de otro, no tardaron en aparecer. El arzobispo de Toledo, don Marcelo González Martín, que quizá no tuvo vinculación inicial con la empresa, fue adquiriendo en cambio con el paso del tiempo indudable relieve. Las razones de todo ello tienen algún punto de misterio, no ajeno al desenvolvimiento de las sapinières eclesiásticas. Y también a la acción de los servicios de información del régimen de Franco. Porque Carrero Blanco también andaba en el juego.

La revista, en todo caso, se movió generalmente por los predios del conservadurismo eclesial, sin entusiasmo por las reformas conciliares, pero sin oponerse tampoco decididamente a ellas. En este sentido, roturaba otros campos distintos de los del ¿Qué pasa?, cuya segunda época, la más interesante, se extendió entre 1964 y 1973, con un estrambote entre 1978 y 1981. La publicación dirigida por el «jabalí» Pérez Madrigal, más selvática, no era controlable por la jerarquía eclesiástica, aunque del lado civil también se moviera alguna mano. Así pues, los colaboradores tradicionalistas eran particularmente visibles. Y, entre ellos, destacaba el libérrimo Alberto Ruiz de Galarreta y su legión de nombres de pluma. En Iglesia-Mundo, en cambio, sólo ocasionalmente pudo darse alguna apertura al tradicionalismo y siempre que no resultara chocante al establishment clerical y civil.

Jaime Caldevilla apenas sobrevivió a Franco, pues falleció en 1976. Su viuda, Rosa, tomó entonces el relevo. De ese momento inmediatamente posterior a la desaparición del primer director datan mis primeros recuerdos personales de Iglesia-Mundo. En 1978, EDIMSA, esto es «Ediciones Iglesia-Mundo, Sociedad Anónima», nombró director a Jesús María Zuloaga, periodista experimentado, inquieto y más bien disparatado, que cambió el formato, de manera poco feliz, y nunca llegó a identificarse ni con la línea fundacional ni con la que otros hubiéramos preferido adquiriese. De origen opusiano, aunque a la sazón con alguna autonomía, fue represaliado como director de Semana en 1966 por haber publicado la víspera del acto anual de Montejurra, en la portada, una foto de Carlos Hugo de Borbón (antes de que cupiera imaginar su posterior traición) con su mujer la Princesa Irene de Lippe-Biesterfeld, seguida de un reportaje interior. Guardo memoria de los consejos de redacción, donde la presencia carlista no era menor, con Juan Sáenz-Díez, Ignacio Toca y Rafael Gambra, además de Juan María Bonelli, Eulogio Ramírez, Vicente Marrero y los dominicos —ambos asturianos— Victorino Rodríguez y Manuel de Tuya. Pero los consejos de redacción no eran decisorios. Decidía Rosa, directora en la sombra, aunque sin entrometerse —todo sea dicho— en las cuestiones técnicas. Rosa Menéndez era una mujer de temperamento fuerte y ejercía —pese a no haber tenido hijos— en su familia de origen como una suerte de matriarca. Sostuvo así con una generosidad y un vigor admirables la que había sido empresa de su marido y que fue también la de su vida.

Zuloaga duró poco, pese a que se esforzó en renovar la revista, pero sin criterio. Una pena, porque era persona con iniciativa y que se hacía querer. Pero era demasiado obvia su inadecuación para una revista del signo de Iglesia-Mundo. Tras una transición en la que, como en la ocasión anterior, se hizo cargo Pedro Rodrigo, buena persona, franco-falangista típico sin particular interés, en 1988 la empresa nombró director a Ricardo Pardo Zancada. Comandante de Infantería, acababa de salir de prisión, a donde había ido a dar de resultas de la intentona del 23-F, en la que por mantener su palabra había participado —entrando en el Congreso— cuando todo estaba ya perdido. Había aprovechado el paso por la prisión militar de Alcalá de Henares para doctorarse en Ciencias de la Información, pues a su formación militar unía la universitaria de periodismo y antes de los hechos evocados había ejercido de redactor-jefe de la revista del Apostolado Castrense Reconquista. Pardo Zancada era un caballero, pero aún menos adecuado que Zuloaga para la dirección de Iglesia-Mundo, pues —pese a esa experiencia periodística— su conocimiento de los asuntos eclesiásticos no era demasiado extenso ni agudo y, además, era de Estado Mayor, esto es, cuadriculado por definición. La revista fue declinando, y no sólo por su culpa, con las inevitables consecuencias económicas, de modo que Pardo Zancada hubo de dejar la dirección, que volvió a las manos —una vez más— de Pedro Rodrigo. El principal elemento de continuidad siguió siendo Rosa Menéndez, en funciones de redactor-jefe, que en verdad quería decir de jefe de todo.

Esos últimos años, la revista se vio obligada a dejar su sede de José Abascal, 57, para trasladarse a una mucho más modesta en el barrio de la Fuente del Berro. Donde moriría merced a la devoción de Rosa, combinada con una decisión equivocada. Javier Urcelay, que merodeaba en ocasiones por la redacción, pero sin formar parte del consejo, presentó un ambicioso proyecto de relanzamiento de la revista, que implicaba unos costes que la empresa no estaba en condiciones de soportar. El cuento de la lechera en versión de tinta y papel. Me opuse en solitario con decisión y cuando me vi derrotado, sin polémicas, le dije reservadamente a Rosa que la revista moriría inevitablemente en poco tiempo desangrada por un gasto que no se resolvería en el crecimiento de los ingresos. Así fue. Si no me confundo, en 1994. El promotor, por cierto, trató de extender el plan a Verbo y la Ciudad Católica, con rotundo fracaso en este caso, pues ahí fue rechazado de modo completo. Como seguí tratando a Rosa Caldevilla, tuve ocasión de evocar la desgraciada decisión más adelante varias veces. En honor a la verdad, Rosa nunca quiso ahondar en el asunto. Lo que me hace sospechar la mano negra de algún sodalicio secreto o, como dicen, discreto.

Nunca dejamos de vernos o de hablar por teléfono. Con gran generosidad me solía llamar para comentar aquellas de mis actividades apostólicas de que tenía noticia por el papel impreso. Sobre todo en Verbo, pero también en el ABC. Las llamadas se fueron espaciando por causa de las dificultades crecientes de audición. De manera que los contactos se limitaron a las visitas, demasiado pocas, que de cuando en cuando le hacía. Todavía en 2019 acudí a su casa de Doctor Fleming, donde la acompañaban ese día una de sus hermanas pequeñas con alguno de sus sobrinos. Estaba muy mayor, claro, pero lúcida, sonriente y decidida. Como siempre. Me fui con esa alegría. Estos dos últimos años han sido perdidos, a causa de las circunstancias de sobra conocidas. Casi centenaria, con la fe recia que siempre tuvo, nos acaba de dejar. Requiescat in pace.

Miguel Ayuso

La redacción de LAS LIBERTADES agradece al Profesor Miguel Ayuso Torres, presidente del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II y director de la revista Verbo, esta necrológica que nos envía desde Madrid de la asturiana Rosa María Menéndez Carrillo, que es también historia del periodismo asturiano.

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«Llingua» antiasturiana y «oficialidá» contra Asturias y contra los asturianos

noviembre 2, 2021

1.ª La única lengua existente en Asturias, la usual y habitual, en la que nos comunicamos es la castellana, que cuenta además entre nosotros con una brillante tradición literaria a partir del siglo XVII. El castellano es pues la lengua de Asturias, el único idioma en que podemos entendernos todos los asturianos.

2.ª Prescindiendo de la zona asturiana de habla gallega (entre el Navia y el Eo), los bables asturianos no constituyen una lengua, en el sentido habitual que se da a esta palabra, ni la han constituido nunca. No existe un bable equivalente a lengua de Asturias ni ha existido nunca. Esto es algo perfectamente conocido por los lingüistas desde hace más de un siglo, y toda persona que conozca Asturias puede comprobarlo por sí mismo.

3.ª Si no existe una lengua asturiana, un idioma usual y común para todo el territorio asturiano, no tiene sentido la creación de una Academia de la Lengua. Las funciones de las academias de las lenguas no son crear las lenguas, ni recuperarlas, ni difundirlas. Las lenguas las hacen los hablantes a lo largo de los siglos de modo colectivo y anónimo y por necesidades reales de comunicación. Cuando se crean las academias o se hacen las gramáticas, las lenguas llevan ya muchos siglos funcionando como tales. Representan como la conciencia del hablante medio y tratan de adivinar lo que éstos consideran como lo mejor dicho.

4.ª Lo que pretenden los promotores de la Academia de la Lengua Asturiana está bien expresado teóricamente en los estatutos, y prácticamente en la versión «bable» de los mismos. Intentan nada menos que hacer lo que las gentes de Asturias no han hecho durante siglos: hacer con los bables vivos una Lengua exclusiva de Asturias, pensando ingenuamente que de este modo nuestra región tendría más personalidad en el conjunto de España.

5.ª El carácter artificial de esta «lengua» es una consecuencia lógica del propósito que guía a sus inventores: no se trata, como es lo habitual, de buscar las palabras que los asturianos consideran más claras y expresivas. Su ideal es negativo: no parecerse al castellano, aunque la palabra castellana sea la única que todos entendemos. El texto «bable» de los estatutos es una muestra clara de todo ello. Y una lectura atenta de su articulado resulta ridícula para cualquier persona, y penosa para quien de verdad conozca y ame a los bables asturianos.

Hay que decir rotundamente no. Esto no es la lengua de Asturias ni para quien la ha escrito. Basta cotejar las dos versiones para darse perfecta cuenta de esto. La castellana totalmente correcta en su lenguaje y perfectamente inteligible para todos los asturianos, lo que demuestra un claro dominio del castellano por parte de sus redactores; la «bable», llena de vulgarismos castellanos, de palabras desconocidas para la mayoría de los asturianos, de voces arcaicas o desusadas y otras totalmente incorrectas dentro del sistema lingüístico de los bables. […]

6.ª Lo que se pretende ahora en realidad no es inventar la lengua asturiana, pues parece que ya la tienen inventada, sino crear bajo la protección del Consejo General de Asturias una Academia para que respalde oficialmente el invento, y convertirlo en lengua de Asturias así por decreto a todos los efectos; y esto hay que rechazarlo enérgicamente. […]

Lo que se está mostrando, en este intento de inventar una lengua, es precisamente una falta de personalidad. Se quiere aplicar a Asturias el modelo vasco, catalán o gallego. Asturias tiene su propia historia, y ésta es la que ha condicionado nuestra situación lingüística que combina, como en otros aspectos de nuestra historia, ruralismo con universalidad: tenemos una lengua propia que es además universal, que es la castellana, y tenemos además como complemento enriquecedor los bables, para quien de verdad los habla.

9.ª La invención de una lengua artificial para Asturias y su imposición oficial a los asturianos sería un doble atentado contra la cultura asturiana en dos direcciones:

a) Contra los auténticos bables, que tendrían la competencia de otro extraño y que nadie reconocería como suyo.

b) Contra el castellano, al valorarlo como segunda lengua o ajena, con lo que se fomenta (se está fomentando ya) el desdén por la expresión correcta, hablada o escrita, algo que exige esfuerzo, aunque sea nuestro propio idioma.

Extractado de Jesús Neira, El proyecto de creación de una Academia de la Lengua Asturiana (carta enviada al Consejero de Cultura del Consejo Regional y publicada íntegra o fragmentariamente en la prensa: La Nueva España, de Oviedo (25-9-1979), El Comercio, de Gijón (26-9-1979), Asturias, de Oviedo (26-9-1979), El País, de Madrid (26-9-1979); y recogida en el libro del mismo autor Bables y castellano en Asturias, Silverio Cañada Editor, 1982.

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Jesús Neira Martínez (El Valle, Pola de Lena, 1916 – Oviedo, 2011), filólogo, lingüista y dialectólogo, fue el mayor estudioso de los bables o falas de Asturias. Entre sus discípulos se encontraban los iniciadores de esa farsa que dieron luego en llamar «llingua asturiana» y que ahora amenaza con convertirse en oficial o cooficial en Asturias, nada menos.

Aquellos discípulos pasaron de profesar admiración al maestro a detestarlo y hostigarlo (a las Juventudes Tradicionalistas de aquel entonces les tocó en alguna ocasión impedir que le reventasen las conferencias al Profesor Neira) cuando se opuso firmemente a la sustitución de nuestras falas por el invento de la «Academia de la Llingua Asturiana». Cuarenta y dos años después de escribirse las líneas de arriba, podemos decir que ya no hay ingenuidad alguna en los promotores de la falsa «llingua», sino intereses espurios, parasitismo y afán disolvente.

El Profesor Neira no era carlista. Sí lo fueron gran parte de los principales cultivadores de los bables; sí lo fueron también los creadores del regionalismo político asturiano. Por no querer, los carlistas no quieren ninguna lengua «oficial»: hablamos lo que hablamos. De hecho el castellano o, mejor, el español (no por tratarse de la única lengua española, sino por tratarse de la lengua común de casi todos los españoles y, por supuesto, de todos los asturianos) no fue «lengua oficial» hasta que así quedó inscrita en la Constitución de la nefasta Segunda República…

Las actuales maniobras, dentro de la reforma del Estatuto de Autonomía, para imponernos la oficialidad de una lengua artificial constituyen un grave atentado contra Asturias y un insulto a los asturianos.

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Gijón: festival cutre, cartel blasfemo

octubre 14, 2021

Nota de la Junta Local de Gijón de la Comunión Tradicionalista:

El Ayuntamiento de Gijón, a través de su constelación de chiringuitos «culturales»; y el Gobierno autonómico de Asturias, promotor de todo lo antiasturiano, patrocinan ahora un «nuevo» festival cinematográfico: «Fantastic Gijón. Festival Internacional de Cine Fantástico», que anuncian se celebrará en la Universidad Laboral entre los días 21 y 24 de octubre.

Entrecomillamos «nuevo» porque algo muy parecido, pero con menos pretensiones y presupuesto, ya se hacía en Gijón antes del retorno a los chiringuitos de lo más fino de la subvencionada progresía local: a alguien hay que tener contento, y la alcaldesa intrusa resulta intolerable a casi todos.

A falta de originalidad y de importancia, los organizadores de dicho festival han optado por llamar la atención de una manera muy querida de los progres: con la provocación con un cartel que falta al respeto a la Madre de Dios, María Santísima. Un cartel blasfemo.

Los laicistas y, en general, los raros e inadaptados que nos desgobiernan se han acostumbrado a la falta de reacción ante sus atropellos. El clero, indigno, calla; la derecha, por su parte, tiene sus montajes y sus plataformas para distraer a quienes reaccionarían y hacer estéril su indignación. Pero que no se acostumbren. La verdadera reacción llegará, y les va a pillar desprevenidos.

Gijón, 14 de octubre de 2021.

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8 de septiembre, fiesta de la Virgen de Covadonga, no «Día de Asturias»

septiembre 7, 2021

Nota de la Diputación Permanente de la Junta Carlista del Principado de Asturias:

En esta víspera de la Natividad de Nuestra Señora, fiesta de la Santísima Virgen de Covadonga, los carlistas asturianos recordamos un año más lo obvio: que el ocho de septiembre es la fiesta de la Santísima Virgen de Covadonga, la Santina, Patrona de Asturias. En cambio no es ni puede ser —por más que se empeñen los políticos parásitos— un «Día de Asturias» secularizado, laico y absurdo, mediante el cual esos políticos parásitos y sus cómplices intentan hacer olvidar el sentido verdadero de esta fiesta.

Asturias es católica y mariana, le pese a quien le pese. La Natividad de Nuestra Señora es una de las fiestas más antiguas de entre las dedicadas a la Madre de Dios. El catolicismo asturiano, gracias a la Reconquista, es el más antiguo de España; la festividad del ocho de septiembre es la de la patrona de los más antiguos santuarios marianos de la región, no sólo de Covadonga.

La «comunidad autónoma» y la casta de los políticos que la desgobiernan; que saquean y empobrecen a Asturias y a los asturianos; que con el pretexto del coronavirus implantan una Umma a manera de dictadura sanitaria, no tiene nada que celebrar el ocho de septiembre. Que no oscurezcan la fiesta de Covadonga con sus afrancesadas celebraciones laicas, ni con sus ridículas «Medallas de Asturias» otorgadas a los suyos.

Santina de Covadonga, ruega por nosotros.

Oviedo, 7 de septiembre de 2021.

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