Posts Tagged ‘Don Pelayo’

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Los masones, el asturianismo y la identidad covadonguista

abril 20, 2023

Recibimos el siguiente artículo de Xuan Begana, que con gusto compartimos en LAS LIBERTADES por estar de acuerdo en lo fundamental, más allá de alguna discrepancia terminológica (véase, por ejemplo, nuestra entrada Verdadero y falso asturianismo; en el artículo de hoy se trata del falso asturianismo, evidentemente) y de apreciación (hoy el falso asturianismo vuelve a dejarse cortejar por la derecha, como Foro y PP, partidos en los cuales la masonería está seguramente tan presente como en los de izquierda; y hasta en Vox se puede rastrear su influencia).

El asturianismo político es un movimiento socialmente insignificante y hasta ridículo en sus resultados electorales. En él cohabitan dos principales tendencias: a) el ala más radical, de izquierdas, y con no pocos elementos separatistas; y b) el ala «de la llingua», que suele desconectar de cualquier problemática social y económica, y que se obsesiona casi única y exclusivamente por la cuestión de la oficialidad de la «lengua asturiana» o bable, que quieren alcanzar por encima de todo.

El pueblo asturiano lleva décadas dándole la espalda a tales sectores minoritarios que, en lo sustancial, han demostrado muy poca cordura en sus discursos y han servido más bien como caniches del PSOE e IU (actualmente son apenas un sector periférico de Podemos). El Principado de Asturias arrastra ya de por sí suficientes problemas como para que la gente, en su sentir mayoritario, se deje arrastrar por nuevos espacios y motivos de conflictividad. Bastante ya tienen los asturianos con el envejecimiento de la población, su desertización productiva, la enorme carga social de los «parásitos», esto es gente en edad de trabajar, pero con perpetua vocación por ser subsidiado de por vida. Bastante con los incendios, la contaminación, etc. Los separatistas y los actuales «bablistas» no ofrecen ningún remedio creíble, ni siquiera dan una imagen seria, unida, convincente. El asturiano medio, no ideologizado, ve en ellos, los «asturianistas políticos», a una especie de conjunto circense en donde hay de todo. Hay acróbatas, artistas del «alambre», pero abundan los payasos.

Lo peor para el asturiano medio, agobiado por una crisis y marasmo económico y social terribles, que se prolongan desde 1975, es observar que un sector minoritario le está intentando robar su identidad. Lo más destacable de la identidad asturiana está en su pasado: Asturias es la cuna de España. En esa región surgió el primer reino hispánico libre, que alzó la Cruz contra la invasión islámica. Los Reyes Caudillos astures, desde Don Pelayo hasta Alfonso III, pero también los reyes sucesores de éstos (los de León, Castilla, Portugal…) fueron reyes católicos cuyo empeño no fue otro que el de limpiar el suelo patrio de la invasión sarracena.

El papel destacado que tuvo la Batalla de Covadonga en la conformación de la identidad asturiana (allí nace ésta precisamente, a la par que la española) es un tema que la masonería quiere ocultar, cuando no combatir agresivamente. Fue Covadonga un hecho de armas y un milagro mariano. Fue el origen de Asturias y el origen de España: se podría decir que la primera «nacionalidad» de los españoles fue la asturiana.

Pero la masonería se empeña en atacar todo cuanto suene a católico y a español. Conspira y urde complots sin cesar, se infiltra por doquier.

Los más destacados líderes del «asturianismo político» son masones. Llevan años sepultando fechas, fiestas y elementos de nuestra identidad. Ahora, en lugar del día de la Santina (8 de septiembre), y conmemoración de la victoria asturgoda sobre los moros, hablan del 25 de mayo (la sublevación contra Napoleón), como fiesta regional.1 En lugar de la Monarquía Astur y los Reyes Caudillos, hablan del bable como (casi) única seña de identidad. Bable que es querido y hablado por muchos de nosotros,2 pero que no puede compararse a las egregias figuras de don Pelayo y los Reyes Caudillos, como estandartes de la asturianía.

Faustino Zapico, de ideología comunista, fue uno de los líderes del minúsculo «asturianismo político». Además de profesor de secundaria ahora es concejal de Izquierda Unida en un pueblo de la Cuenca Minera. Abiertamente, el líder «asturianista» se reconoce masón y es Gran Maestre: https://elfrancmason.com/nace-en-gijon-la-confederacion-internacional-de-logias-escocesas/

Se entiende el rechazo de este «asturianismo» de izquierdas a lo que ellos llaman, peyorativamente, «covadonguismo». La masonería es enemiga declarada de la Iglesia Católica y ésta, a su vez, ha condenado repetidamente a estas organizaciones iniciáticas y secretas, que nacieron con el fin de difundir el ateísmo y destruir la civilización cristiana.

Recientemente, en una entrevista sostenida con el periodista «antifascista» Pablo Batalla, Zapico respondió así a la pregunta: ¿Eres masón?

—Soy masón, sí, sí. Veintidós años llevo en la masonería.
—Ah, no lo sabía. ¿En qué logia estás?
—Mi logia se llama El Trabayu. Estamos en Gijón. La llamamos así en homenaje a una que funcionó en Trubia de 1872 a 1892, que era la logia El Trabajo; una logia de obreros de la fábrica de armas. Eran veintiocho obreros y un médico, y eran todos del Partido Republicano Federal. Bueno. Nosotros estábamos en El Derecho Humano, que es la organización internacional. La masonería, normalmente, se rige por organizaciones de ámbito estatal: la Gran Logia de España, que solo admite señores y creyentes; la Gran Logia Simbólica Española, que es mixta y es donde yo empecé de aprendiz; la Gran Logia Femenina, solo mujeres… El Derecho Humano es internacional. Nace en Francia en 1893, pero se extiende por todo el mundo. Y es mixta. Estábamos ahí, como digo, pero a finales del año veintiuno rompimos; se rompió la federación por la mitad. Y varias logias que quedamos por ahí montamos una nueva organización que se llama Confederación Internacional de Logias Escocesas.
—Cielos. Quien dijo aldea, dijo pelea, ¿eh? No solo en el asturianismo has vivido divisiones y escisiones.
—Sí, pero, en la masonería, aunque rompas, no niegas la condición de masón de los demás. Nosotros estamos en una especie de hotel masónico en Gijón, en La Calzada.
—Yo he estado un par de veces en una tenida blanca abierta de la logia Rosario de Acuña en un local de la calle Costa Rica.
—Ése, ése. Ahí estamos cuatro logias de cuatro obediencias distintas. Pues bueno, la masonería me marcó bastante. […]

Como el lector puede apreciar, también el entrevistador «antifascista» ha estado en contacto, siquiera ligero, con la masonería.

Uno de los rasgos que caracteriza a los masones es su republicanismo fanático. Ello los lleva a despreciar el rango institucional de Asturias como Principado y a idealizar los desastres y desaguisados que fueron la I y la II Repúblicas Españolas. Los masones «asturianistas» suelen adoptar una visión provincial y provinciana. El mundo gira, para ellos, en torno a las Cuencas Mineras y el octubre del 34.

Otro personaje vinculado históricamente al fracasado —y ridículo en cifras— «asturianismo» político es el profesor jubilado de Economía, David M. Rivas. Rivas reconoce en otra entrevista reciente ser masón, aunque la masonería hispana se le hace muy poco glamurosa, y milita en la inglesa. Extraemos un pasaje de otra entrevista:

—¿Y está en una logia asturiana?
—No, estoy bajo la disciplina de la Gran Logia Unida de Inglaterra. La masonería española dejó de interesarme hace tiempo. No porque sean peores, sino porque España es una sociedad muy mediocre, y por tanto todas las instituciones, también la masonería, son mediocres. Los políticos que tenemos son reflejo de lo que somos, ¿cómo que no nos representan? Son iguales que nosotros: y los curas, y los fontaneros y los masones. Luego aquí la masonería nunca tuvo mucha importancia, lo que pasa es que con eso del contubernio se magnificó su influencia en la sociedad. El franquismo, al acabar la guerra, abrió 50.000 procesos contra masones, y nunca hubo en España más de 5.000 en los mejores tiempos. Coincidía que los masones eran gente de nivel cultural alto, como mínimo medio-alto económico, y estaban en muchos sitios. Entonces había partidos, como los republicanos liberales, y Azaña es el típico ejemplo, en los que seguramente hubiera muchos, pero eso no quiere decir que la masonería montara el partido para tomar el poder. Hay bastante relación, por ejemplo, entre la masonería y el anarquismo: Kropotkin lo era, Bakunin lo era, García Oliver lo era. También en el socialismo asturiano, donde se supone que era masón Belarmino Tomás. Y Jovellanos, por ejemplo, que encarnaría la figura de un masón típico del XVIII, si lo fue no lo sabemos.3 Políticamente la masonería es mucho menos importante de lo que la gente cree.

Rivas fue candidato al Parlamento Europeo por la coalición de partidos fraccionarios, centrífugos y antiespañoles llamada «Europa de los Pueblos», en la que figuraban los asturianos separatistas de Andecha Astur. También fue candidato a la presidencia del gobierno autonómico por Andecha Astur, partido al que siempre estuvo muy vinculado. A su vez, todos los separatistas y asturianistas de izquierda guardaron siempre muchos vínculos con Podemos. Un intento de Xuntanza del Asturianismu como plataforma cívica de personas independientes, los separatistas y «asturianistas» de izquierdas la hicieron romper desde dentro, infiltrados, pues ya entonces se estaban formando los círculos de Podemos y siguiendo las consignas de los socialistas. El partido Podemos, surgido como marca blanca del PSOE para garantizar su presencia institucional en un momento de debacle del partido del puño y la rosa, apoyó, después, la candidatura de David Rivas para la Sindicatura de Cuentas. De su parte, Rivas apoyó al rockero podemita Xune Elipe, expedientado por su propio partido, y tenido como un referente del «asturianismo anticovadonguista». Su canción famosa, «Muammar» llama a la Reconquista «invento fascista», y dice en la letra el rockero: «Pelayu era un babayu», es decir, un imbécil.

El anticovadonguismo, ariete fundamental de la masonería asturiana, está, como puede verse, muy presente.

Xuan Begana


Notas de LAS LIBERTADES

  1. Los carlistas estamos enteramente de acuerdo con la conmemoración del 25 de mayo de 1808, la declaración de guerra a Napoleón por la Junta General del Principado de Asturias. De hecho la Junta Carlista del Principado emite todos los años una declaración en esa fecha. Lo que resulta ridículo es la pretensión, ya vieja (los falsos asturianistas llevan con ella desde la década de 1970) de usarla como un sustituto laico de la fiesta de la Virgen de Covadonga. Porque ni siquiera es laico el recordatorio de una declaración de guerra «en obsequio de la Religión, de la Patria, y de la común felicidad», como literalmente decía.
  2. En realidad, el nuevo bable, ahora llamado enfáticamente llingua asturiana por sus inventores, poco tiene ya que ver con lo que durante siglos hemos llamado bable ni con nuestras entrañables falas locales: de hecho su oficialidad sería la puntilla que acabaría con éstas, ya reducidas a la mínima expresión en la actualidad.
  3. Sabemos perfectamente que Jovellanos no sólo no era masón, sino que se oponía violentamente a la masonería. David Rivas es dado a la difamación y a la insinuación calumniosa, además de al papanatismo extranjerizante.
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Mil trescientos años de la Batalla de Covadonga

mayo 28, 2022

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La fecha de hoy, 28 de mayo, suele considerarse la de la Batalla de Covadonga en el año 722. Así que conmemoramos su XIII centenario. Aunque aún sean numerosos los que consideran que el año fue el 718.

Precisamente en 1918 se celebró el anterior centenario, el XII, con grandes fastos en toda Asturias. Ahora que se cumplen 1.300 años, ahí es nada, del comienzo de la recuperación de España por parte de un puñado de asturianos de verdad (es decir, verdaderamente cristianos, cerriles como Dios manda) parece que las anunciadas celebraciones quedan en casi nada. Como las del Veinticinco de Mayo.

Quizá sea mejor así. En manos de la peor clase política de nuestra historia, de una casta ignorante, corrupta y desnaturalizada, promahometana y projudía, los actos iban o van a ser vergonzosos. Como hace algo más de dos años anticipaba inteligentemente José Borge Cordovilla, autor y administrador de Mirabilia Ovetensia y de otras iniciativas sobre conservación, difusión y museización del patrimonio histórico y monumental de Asturias, en un manifiesto que LAS LIBERTADES reprodujo en su momento, y que no vendrá mal recordar.

Manifiesto sobre los pretendidos actos y celebraciones «multiculturales» propuestos por el Gobierno del Principado de Asturias en Covadonga en 2022

Desde la administración de «Mirabilia Ovetensia» y de todos nuestros demás grupos y páginas de reconstruccionismo histórico, divulgación y promoción de la protección del patrimonio, donde trabajamos en la interpretación de los datos históricos y arqueológicos persiguiendo el máximo rigor, asistimos estupefactos a las políticas de nuestros gobernantes, las cuales, lejos de procurar a la ciudadanía la consecución de los objetivos más arriba expuestos, se dedican, muy por el contrario, al gasto de dinero público en la «colocación» a la población de su ideario político, con fines de adoctrinamiento, ideario éste de importación ajeno —y contrario— al interés general, que, en este caso, no sería otro que el de la disposición de los medios para posibilitar el esclarecimiento de la verdad histórica —para lo cual se precisa el destino de fondos a arqueología e investigación—, y la gestión del patrimonio histórico monumental subsiguiente a través de su correcta conservación, museización y divulgación.

Tal patrimonio constituye el testimonio de nuestra identidad histórica como pueblo. En el caso concreto que nos ocupa, en lugar de investigar y preservar el rico patrimonio de Cangas de Onís y Covadonga, lo que serviría para contribuir a esclarecer la figura de Don Pelayo y la materialidad de la organización primigenia del naciente edificio político del Reino de Asturias, léase, a título de ejemplo: protección y arqueología del «torreón de Cangas», igualmente protección y difusión del «Campo de la Xura», arqueología extensiva en otros enclaves de interés del Concejo, como Santo Toribio (ermita), Mestas de Con, o el propio enclave de Covadonga…

En lugar de eso, se impone a la ciudadanía una «celebración multicultural» cuyo fin no es otro que el de minar el conocimiento histórico, difuminando las verdaderas herramientas para su consecución en un «diálogo entre antiguos adversarios» (sin perjuicio del mismo, como hemos señalado, las prioridades, evidentemente, serían otras), jaleando y dando alas a los colectivos de «negacionistas» de la historia de Asturias y de España, fomentando la teoría de la «ficción legendaria» del personaje de Don Pelayo, quedando, de este modo, difuminadas y en segundo plano, una vez más, nuestras señas de identidad como pueblo.

Así que, por nuestra parte: ¡viva la Virgen de Covadonga! ¡Viva Asturias! ¡Viva España! ¡Viva el legítimo sucesor de Don Pelayo, Don Sixto Enrique de Borbón!

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La Cruz y San Mateo. (Cualquier tiempo pasado fue verdaderamente mejor)

septiembre 17, 2021

Los que, propios o extraños, veis con especial agrado el aspecto de capital animada y culta que tiene Oviedo, ¿no percibís a través de sus lindos hoteles, sus magníficas modernas viviendas, sus jardines, sus paseos, sus comercios y alumbrados, su lujo, su vida y actividad, algo, que revela a la ciudad antigua con sus calles tortuosas, su caserío desigual, sus volados sobre las aceras y sus edificios públicos e iglesias, que ostentan el sello de pasados siglos? ¿No observáis también como centinela avisado, que vigila sobre la ciudad, o mejor dicho, como cariñosa madre, que vela junto a sus hijos, la esbelta torre de la Iglesia de San Salvador, cuya cruz en lo más alto de la gallarda ojival aguja se percibe desde los extremos todos de la población, desde San Francisco y desde el Rosal, desde la Puerta-nueva y calle de la Vega, lo mismo que desde Cimadevilla, los Estancos y avenidas del Bombé y del Hospicio?

Esa torre y esa Cruz van unidas tan indisolublemente a nuestra historia, vida y tradiciones, que si el Oviedo actual renegase de la Cruz, que se alza sobre su primer templo, incurriría en la más torpe ingratitud, quedando por ello reducida nuestra capital a un cuerpo sin alma y a un organismo fastuoso de apariencia deslumbradora, pero falto del aliento vivificante, que a los pueblos todos presta la idea religiosa y el culto de lo sobrenatural.

Al calor de esta idea nació Oviedo, cuyos fundadores aquí vinieron por impulso religioso a enseñar a los naturales a alabar a Dios en el culto de sus Santos, y eran monjes, que roturaron no lejos de Foncalada los terrenos donde había de asentarse la primitiva población. Los primeros sucesores de Fruela edificaron templos al Dios vivo; y de Alfonso el Casto y de Ramiro y de otros monarcas asturianos cuentan las crónicas rasgos de piedad cristiana, que atestiguan todavía con elocuencia muda restos arqueológicos de subido valor.

Alfonso el Casto recogió de Monsacro el arca preciosa, que contenía las reliquias venerandas, que la piedad de los Obispos pudo sustraer al pillaje de los hijos de Mahoma, vencedores junto al Guadalete; y depositado tan rico tesoro en la Iglesia Catedral, se buscó en la Cámara Santa un recinto a propósito para contener aquellos santos despojos y religiosos trofeos, a fin de que ante ellos pudieran postrarse con respetuosa y viva fe los naturales de Asturias y los católicos de las más apartadas regiones. Prelados y Reyes, pueblo y magnates, españoles y extranjeros se esmeraron a porfía, durante los siglos medios y en tiempos posteriores, en dar a las Santas Reliquias de la Iglesia ovetense toda la importancia que merecían en la esfera de la piedad y de la Religión. La Santa Sede, por su parte, se mostró liberal en la concesión de gracias espirituales a nuestra insigne Catedral; y entre otros muchos privilegios le fue otorgado el del Jubileo de la Santa Cruz.

Como en las Santas Reliquias figuran en primer término las dos célebres Cruces, la Cruz de la Victoria, que el egregio Don Pelayo llevaba en sus manos al debelar contra la morisma en las fragosidades de Covadonga, y la Cruz de los Ángeles, presente, de origen sobrehumano, que otorgó la divina Misericordia a uno de los más insignes Reyes de Asturias; como hay también en la Cámara Santa un pequeño Lignum Crucis, custodiándose igualmente allí un Crucifijo de toscos perfiles cuanto remota y venerable antigüedad, habiendo asimismo algunas espinas de la Corona del Salvador, con más de un trozo de la Sábana Santa, y sobre todo la riquísima e inapreciable reliquia del Santo Sudario, todos estos recuerdos, documentos y testigos de la Pasión adorable del Hijo de Dios, explican perfectamente el acierto con que los promovedores del Jubileo y el Jefe augusto de la Iglesia, al concederlo, eligieron la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz como tiempo el más propicio para derramar abundantemente sobre los fieles el raudal de gracias espirituales, de que la Iglesia Católica es depositaria y dispensadora.

El Papa Eugenio IV fue el primero que otorgó a la Iglesia ovetense este Jubileo: Pío IV lo amplió de una manera notable en cuanto a la duración, determinando que el año en que la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz cayese en viernes, dure aquél dos meses, uno anterior y otro posterior a la mencionada fiesta, o sea desde el catorce de agosto al catorce de octubre. Por último, Pío II había relevado al Jubileo de toda suspensión, de modo que no fuesen interrumpidas las gracias que por el mismo concede la Santa Sede, entre las cuales se cuenta la singularísima de poder los penitentes ser absueltos de todos los pecados reservados a Roma, excepto los de la Bula de la Cena.

Dura el Jubileo ordinario de la Santa Cruz dos octavas, una anterior y otra posterior a la fiesta de la Exaltación, o sea desde el seis de septiembre a primeras vísperas, hasta el veintidós a la puesta del sol. En ese período los fieles que convenientemente preparados con la Confesión y Comunión visitaren nuestro templo Catedral, rogando a Dios por la extirpación de las herejías, aumento de la fe católica y demás piadosos fines de la Iglesia, pueden lucrar indulgencia plenaria; y esto cuantas veces practicaren las obras prescriptas, pues el Jubileo es de los llamados toties quoties.

Y como la octava de la Santa Cruz coincide con la fiesta de San Mateo, ya de muy antiguo la mayoría de fieles, sobre todo de puntos lejanos, aprovechaba la víspera y día del Santo Apóstol para venir a la ciudad, purificar su conciencia, visitar la Iglesia Catedral; y la gente de aldea procurar de paso adquirir en Oviedo algunos útiles de labranza y enseres de recolección de frutos, que en ese tiempo tienen su especial mercado.

Así se explica bien que la Cruz y San Mateo vengan unidos de muy antiguo en la vida religiosa de la ciudad de Oviedo. Y como Zaragoza tiene su Virgen del Pilar y Madrid su San Isidro y Valencia su San Vicente y Compostela su Santiago, así Oviedo tenía y tiene el Jubileo de la Santa Cruz como centro de atracción de voluntades para los verdaderos creyentes; y cualesquiera sean las vicisitudes de los tiempos, lo permanente, lo invariable será entre nosotros, en tan clásicos días, la solemnidad religiosa de la Catedral Basílica y la explosión de cristianos afectos que a la devoción inspira siempre el misterio adorable de la Cruz.

No eran necesarios festejos ni luminarias, ni músicas, ni bullicio en aquellos tiempos, bien cercanos todavía a las nuestros, en que las gentes dormían sobre el duro suelo, bajo los soportales que hay frente a la Catedral, esperando vez a las puertas del Santo Templo en la madrugada del veintiuno; no eran precisos, repetimos, aquellos alicientes para que el Jubileo revistiese un carácter eminentemente popular.

Hoy, aunque para la gente superficial los toros y las cintas y el teatro lo sean todo, hay todavía, a Dios gracias, gentes de todo sexo, edad y condición, que saben que no sólo de pan vive el hombre, y que buscan en las gracias espirituales del Jubileo algo que conforte al espíritu en las luchas y vaivenes de la vida. Lo moderno ni debe ser, ni es en muchas ocasiones adversario de lo tradicional y antiguo. Muchos de los dueños o inquilinos de las suntuosas viviendas, que hacen del Oviedo actual una población distinguida y culta, van al templo en estos días a postrarse ante el ministro del Señor: y esa locomotora, cuyo silbido parece querer ahogar a veces el dulce son de las campanas, conduce en los coches que arrastra devotos peregrinos que con fe y piedad sinceras, al llegar a la ciudad, reservan su primera mirada para la Cruz Santa que corona la alta torre, y se postran después reverentes ante el Santo Sudario, murmurando fervorosa plegaria en presencia de la inestimable reliquia, que precisamente por el mucho concurso de gentes, se enseña mañana y tarde el día de San Mateo.

Este artículo se publicó originalmente en el número 38 de LAS LIBERTADES, de fecha 17 de septiembre de 1893. Explica muy bien cómo vino a celebrarse San Mateo, que no es el santo patrono de Oviedo, aunque pudiera parecerlo. Hoy, cuando se han olvidado las octavas (salvo entre los católicos estrictísimamente fieles a la tradición), poco se entenderá esa relación entre la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, 14 de septiembre, y la de San Mateo, apóstol y evangelista, 21 de septiembre. Menos aún se reconocerá aquel Oviedo, ni en su urbanismo ni en sus piadosas costumbres. Y es que tantos años de liberalismo, político, económico y religioso, han pasado factura.

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¿Carlismo en el Parlamentín?

octubre 15, 2013

«Mentiremos todos juntos / todos juntos en unión / defendiendo las prebendas / de la Santa Transición»

«Mentiremos todos juntos / todos juntos en unión / defendiendo las prebendas / de la Santa Transición»

Nos referimos a ese inútil parlamento autonómico que se reúne en Oviedo en el solar del desamortizado Convento de San Francisco. El no menos inútil Estatuto de Autonomía exhibe la desvergüenza de llamarlo Junta General del Principado de Asturias, con la cual tiene tanto en común como tiene Javier Fernández Fernández con Don Pelayo.

La desvergüenza es tónica general del paraíso de saqueadores que llaman régimen democrático. El juancarlismo y la Constitución de 1978 la casaron con la ignorancia y las elevaron a religión y regla máximas. Así, el Parlamento de Madrid (que se hace llamar Cortes Generales) celebra anualmente un «debate sobre el estado de la nación» que es un calco del «debate sobre el estado de la Unión» de Washington D.C. Puede tener sentido en los Estados Unidos de Norteamérica, donde el Congreso, la Cámara de Representantes y el Gobierno federal, absolutamente separados, tienen prerrogativas distintas y hasta ciclos electorales diferentes; una vez al año se reúnen para un debate conjunto.

En Madrid, en cambio, el «debate sobre el estado de la nación» lo hace el mismo Congreso de los Diputados que elige al Gobierno y que está reunido todo el año (menos sus amplísimos períodos de vacaciones), reconociendo así que durante el año no hacen absolutamente nada que no sea saquear, fastidiar y vender a los españoles. Y en Oviedo hacen, a imitación de la imitación, un «debate sobre el estado de la región» que todavía exhibe más ese carácter de parásitos, vagos y saqueadores que comparten, sin excepción, todos los integrantes del Parlamentín, que también designa al Gobiernín.

El jueves pasado, escenificando disenso en el transcurso de ese «debate» para entretenerse y entretenernos, el presidente del Gobiernín, Javier Fernández Fernández (PSOE), le atribuyó al mandamás del PP-bis (FAC) en Asturias, Francisco Álvarez-Cascos Fernández, «resabios de carlismo rural».

Un regalo para Álvarez-Cascos, aunque sea disfrazado de reproche, como sólo puede brindarle un amigo, aliado y colega del SOMA-UGT/PSOE. De la cuadra de José Ángel Fernández Villa (antiguo nacionalsindicalista de Solís y de Girón y confidente del comisario Claudio Ramos) capo máximo del socialismo asturiano durante décadas y auxilio destacado de Álvarez-Cascos en todas sus etapas.

Un regalo porque el propio Francisco Álvarez-Cascos —liberal radical, íntimo amigo de genocidas comunistas y de separatistas vascos, divorcista sobrevenido y multidivorciado y más fuera de la Iglesia que Martín Lutero— ha intentado en más de una ocasión presentarse como sucesor, heredero y reencarnación parcial de Vázquez de Mella y de Jovellanos. Lo hace porque sabe que el tradicionalismo asturiano es el único asturianismo puro y sin tacha. Lo puro y sin tacha le hace mucha falta para compensar un currículum como el suyo.

No se alarmen aún los enemigos de Asturias. En el Parlamentín no hay rastro de carlismo que les haga frente. Al menos hasta que la Comunión Tradicionalista decida presentar candidaturas en las elecciones autonómicas, lo que todavía no ha ocurrido.

 

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